miércoles, 15 de mayo de 2019

Cyber 5020 (parte 1, Elysium)


4-5-2019
Esta imagen no es de mi autoría

Desde la ventana de su habitación había unas vistas de lujo de la ciudad de Elisium. Sus padres son los directores de una empresa de implantes que ofrecen mejoras en la mente y cada vez hay más interesados en estos con fines de varios tipos. Desde aplicarlos para un buen uso de memoria en sus robots, para sí mismos con el fin de recordar mejor las cosas…y lo más probable es que haya alguien que esté interesado con otro tipo de objetivos menos beneficiosos para todos.
Aquel día sus padres y sus trabajadores celebraban el éxito de su último desarrollo. Los científicos de I+D no cabían en sí mismos del gozo al haber obtenido lo que querían después de tantos meses de incertidumbre, estrés y noches sin dormir.
— ¡Hija ven! —Sonreía su padre de oreja a oreja —mira. Por fin hemos conseguido lo que hacía tanto tiempo queríamos.
— ¿Y qué es? —preguntó Eithnen comiendo fideos instantáneos en un bote de plástico. Su padre arrugó la nariz cuando vio lo que comía su hija y de un manotazo se lo tiró al suelo.
—Te he dicho mil veces que no quiero que comas esa mierda. ¿No puedes pedirle a alguien que te prepare algo? Ya que tienes el privilegio, aprovéchalo. ¿Para qué te di un asistente personal, Eithnen?
—…Ya estamos otra vez. ¿Qué pasa?
—Ya tenemos el prototipo de implante de control mental —empezó a reír su padre—esto nos traerá muchos beneficios.
—Espera. ¿Aún no recuerdas lo que pasó con…?
—No hablemos de eso ahora, por favor. —Dijo su padre con severidad. —Esta vez la cosa será…distinta —miraba a su hija de reojo y ella sintió un escalofrío. —Pediré a alguien que limpie este estropicio —decía dirigiéndose al suelo sucio por la comida.
Ariel y su equipo llevaban meses trabajando para la empresa Robson, llevaban un caso de robo y jaqueo de piezas roboticas, alguien estaba copiando sus modelos de asistentes personales para el hogar y revendiendo las piezas al mercado negro,esos chatarreros se hacian llamar los Sculpts y la captura de cada uno de los 5 integrantes, era un buen dinero para Ariel, se repetía una y otra vez que esta sería su ultima misión y que se retiraria definitivamente de ese trabajo, pero nunca llegaba el momento. Los chicos esperaban escondidos detras de unos palets de carga en el muelle 63 para entrar en una nave donde esperaban encontrar a algunos de los intremediarios para darles caza, al adelantarse para entrar alguien por detrás le dió una fuerte rescaga en la espalda, cayendo desplomada en el suelo. Al cabo de un rato despertó con un fuerte dolor en la cabeza algo aturdida con la vista semi borrosa, meneo la cabeza recuperando la vista, se vió atada en el asiento de la sala de pasajeros de una nave de exploración. (nave de exploracion con sala de pasageros y una cabina con piloto, coopiloto, separado por una puerta) 
Un tipo con una cicatriz de arriba a abajo en el ojo izquierdo, se acercó a ella y le preguntó con una voz funebre. -¿quien te envia, preciosa?- Ariel lo miró con odio- no se de que me hablas- él le plantó un puñetazo en la mejilla que le hizo escupir sangre, -pfs, no hacia falta que me dieras tan fuerte, humano- el ojo de ese hombre se abrió de par en par, asustado reculó hasta que su espalda tocó la pared, Ariel empezó a tirar de su cuerpo hacia adelante, el ruido de hierro y la fuerza que estaba ejerciendo para arrancar el asiento del sitio para liberarse, hizo que el tipo frunciera el ceño, apretara los dientes y se armó de coraje para desenfundar rapidamente su arma y apuntarle la cabeza.-no seas ¿estupida quieres morir ya?- Ariel resopló y se calmó-una arma electrica de mas de mil voltios descargada en su cuerpo por segunda vez la dejarian bastante inservible - responderé si me dices a donde me llevas- el tipo le sonrió y le contestó desagradablemente - mi jefe te quiere conocer, obiamente no voy a decirte ...- apareció un tipo de la cabina del piloto -veo que os habeis echo amigos, - se acercó a los dos, puso la mano encima del arma del compañero y este enfundo el arma -Sr. Green portate bien con la invitada- el sr green hizo una mueca y se apartó de ella sentandose en una esquina de la sala, - me llamo Ez- dijo el tipo misterioso observandola con detenimiento, vió unas pequeñas marcas en sus hombros de color marron oscuro, -¡¡uhh!! menuda obra de arte te han echo en tus brazos, apuesto que nos darían mucho dinero por esos implantes roboticos que te han echo tant realistas, que empresa te las puso ¿eh? I+D...Robson .. quizas .. Exton ..umm-Ariel se estaba empezando a cabrear, pensó"ya va siendo hora de que os parta en dos pedazo de gilipollas" Ez se rió al ver su cara de odio -vaya vaya, ¿no dices nada ¿eh?- miró al sr green divirtiendose de la escena- la chica nos ha salido con agallas,- el Sr Green se levantó de un salto y dijo sonriendo - cortemosle los brazos y dejame a mi su cuerpo- -voy a reconfigurarla como mi sirvienta, hahaha- rió con malicia, Ez lo miró con cara de asco- eres un pervertido- miró a la chica- no hagas nada estúpido querida, en diez minutos aterrizamos, Green vigilala si se mueve dale una descarga- Green:si señor-Aterrizaron en lo alto de un rascacielos....

Nahama estaba de nuevo deambulando por el bosque privado de su família. 
Sabia que no tenia que ir,
Entendia que el riesgo de ser reconocida aun debajo de la capa y capucha era muy grande.
Però no podia desaprovechar la única ventana que le habia aportado la modificacion...
Fue a leer la memòria que el bosque habia absorbido, la contaminación, sonidos, conversaciones e imgenes.
Entre todo lo que interpreto, una información la dejó helada.
Habian conseguido sintetitzar el gen que leia a quien tenia dosis concentradas de poder, similares o igual que la màgia.
Vio que el bosque escucho que la idea era implantarlo en toda la población y que el gen solo dejaria con vida a los portadores de poder, en los que provocaria una incpacidad de obra, movimiento o pensamiento,
Pasando asi, a ser unos titeres. 
Pretendian hacerlo en una campaña de vacunaciones que la empresa pondria gratuitamente a toda la población, era una vacuna ue anunciarian como la vacuna onmunologica definitiva.
Un reclamo muy útil para un ciudad con tanta contaminación...
Nahama habia visto ya suficiente. Huyo de allí.
No paro hasta llegar a un lugar seguro y revento a llorar.

El hombre esbozo una mueca de desaprobación, agachando la cabeza.
—Va!! Es lo justo ¿no? Todos salimos ganando. Vendes tu mercancía en mi zona y a cambio yo me llevo un 70% de tus ganancias. — Apoyo la mano en el hombro del hombre.
—¿Qué me dices, trato hecho? ¡He! Eso o te vas a otra parte, y como te pille yo o unos de los míos vendiendo en este sector, te arrancamos las pelotas— Añadió tendiéndole la mano para estrechársela.
El hombre panzudo le estrecho la mano y se fue murmurando cabizbajo.
—No te arrepentirás esta es la mejor zona para vender— Grito K’ivan mientras el vendedor se alejaba enfurruñado.
—Bien otro buen negocio, ¿No crees? — A su lado tenia una figura humanoide de no mas de metro diez, con respirador cubriéndole la cara por completo.
—Desde luego, como de costumbre—Si voz sonaba eléctrica y aguda, distorsionada por el respirador.
—Va, vamos a tomar algo, invito yo colegi— K’Ivan estiro el puño guiñando un ojo en señal amistosa hacia su pequeño acompañante, para que este le devolviera el gesto.
—Genial!!— Respondió este golpeando el puño en gesto afirmativo.

Eithnen regresó a su habitación hacía horas con algo en las manos que a su padre le pondría furioso no encontrar en el laboratorio de I+D de la empresa. Le enseñó a Riiva, su autoreiv asistente, el prototipo del implante de control mental.
—Esto no puede salir al mercado de ninguna manera. ¿A qué juega?
—Debería devolver eso, señorita. Podría usted meterse en un buen lío si no lo hace.
—Lo sé Riiva pero… tengo un mal presentimiento.
—Sé que no debería meterme en estas cosas pero… debería llevar ese prototipo a su madre. Creo que ella es ajena a todo esto. Le dijeron que lograron mejorar el implante de memoria.
— ¿Engañaron a mi madre?
—Su madre es igual que usted. Ingenua a veces. Salga de aquí señorita Eithnen. Llévese eso y déselo a su madre. Su padre le hará caso. O vamos a creer que lo hará. Si esa cosa se pone a la venta…
—Lo sé. Parece que la empresa de mi padre quiera hacerse con el control de Elysium. No me gusta lo que está pasando.
Empezó a coger algunas cosas que quería llevarse consigo y tras coger el implante y meterlo dentro de una pequeña caja metálica, bajó a la planta baja, cogió la chaqueta y empezó a caminar al pasillo con paso ligero.
—Antes de irte, hija. Creo que tienes algo…que me pertenece —tendió la mano—dame eso ahora mismo.
—N-no sé de qué me hablas.
—Dame el implante.
— ¡NUNCA!
Salió corriendo de casa y echó a correr por las calles como alma que lleva el diablo. Miraba hacia atrás de vez en cuando para ver que la seguían los hombres de seguridad de la empresa con algo en las manos para aturdirla. Apretó los dientes hasta que las sienes empezaron a dolerle y aceleró el paso. Se metió en los callejones de mala muerte sin mirar por donde iba—y por su escasa orientación—pasara lo que pasase, aquello no debía comercializarse. Se imaginó qué pasaría si las autoridades de Elysium estuvieran bajo los efectos de aquella aberración tecnológica. Uno de los hombres le disparó algo en el brazo abriéndole una herida. Si se le hubiera clavado en el brazo, la huída habría sido imposible.
—Hostias cómo duele —decía viendo cómo le sangraba. —Mierda, ¿¡QUÉ PASA!? —Empezó a estresarse— ¡¡NO PUEDO MOVERLO!! ¡¡RIIVA!! —la llamó de forma involuntaria. Mientras corría mirando su brazo, chocó contra alguien y cayó al suelo de espaldas. —¡¡¡JODER, HOY NO ES MI DIA!!! —rugió. — ¿¡QUÉ MIERDA LE PASA A TODO EL MUNDO EN ESTA CIUDAD DE LOCOS!? —seguía en el suelo con el brazo inmovilizado y sangrando.
Mientras tanto, muy lejos de allí y ajeno a lo que estaba pasando, Django Kresnik, hermano mayor de Eithnen cuyo padre cree que murió al intentar “salvarle” observaba cómo unos matones habían llevado a alguien al interior de un rascacielos después de un forcejeo en la azotea.
—Uy. Qué putadita si la chavalita saliera de ahí con el por culo que ha dado ¿no? —se preguntaba a sí mismo—vamos a ver qué pasaría…
Se metió dentro del edificio noqueando a los que intentaban cortarle el paso mientras pensaba en el lío en el que podía meterse por hacer aquello. Atacar a esos grupos de psicópatas siempre era una mala idea pero él no aprendía nunca. No sabía si por su forma de ser o porque los implantes que le metió su padre para “salvarle” la vida lo habían dejado medio loco. Pues una persona en sus cabales no haría lo que estaba haciendo él. Pero por otro lado, Django odiaba a cualquiera que quisiera controlar la ciudad o dañara a los habitantes.
— ¡Eh colega! Tengo que preguntarte algo.
— ¿¡Quién coño eres tú, mocoso!?
— ¿Mocoso? —Se señaló a sí mismo— ¡tío que tengo 30 inviernos! Mira, dejaré pasar esa ofensa si me dices dónde está la chavalita de la azotea.
— ¿Qué chavalita? —se hacía el tonto.
—No te hagas el tonto conmigo, amigo —decía dejando de reír. Dio un puñetazo al lado de la cabeza del hombre, golpeando la pared—anda… a la próxima apuntaré mejor…dónde.Está.La.Chavalita.
El hombre golpeó a Django en la cara con el puño y empezaron a pelearse. El chico había aprendido defensa personal de todo tipo con el mismo maestro que su hermana y se le daba especialmente bien el kali filipino y el suntukan. Cuando el enemigo sacó un puñal, Django empezó a reír mientras lo señalaba.
—¡TÍO, ES RIDICULO!
Sin decir nada, se abalanzó contra él y el chico mediante sus conocimientos de artes marciales desviaba el cuchillo que intentaba matarle hasta que vio una brecha en la defensa de su enemigo y consiguió abatirlo sin matarle. No le gustaba matar a nadie o, gracias a su padre, lo recordaría para siempre como si hicieran escasos minutos que lo hubiera hecho.
— ¡No lo olvides tío! —levantó los brazos y movió los dedos teatralmente como un mago— Ka-li Fi-li-pi-no.
Se marchó siguiendo el pasillo que parecía custodiar el hombre hasta que vio unos barrotes de luz con una mujer dentro. Pensaba en liarse a patadas con ellos pero amaba su pierna como para dejársela allí. Se acercó a un panel y tras toquetear varias cosas encomendándose a los dioses para no salir chamuscado, los barrotes se desvanecieron.
—Et voilà. ¿Estás bien?
Estaba cabreadissima consigo misma con lo que pasó ayer, esa noche su receptor de freqüèncias captó una escucha de walkie de uno de los agentes de seguridad, decían que en la parte trasera de la nave estaba tranquilo y que no havia nadie , aviso al subjefe de operaciones, Garco, que entraba en escena porque había visto un tío de negro que merodeaba por allí, eso Le pareció extraño y quiso acercarse más, lo único que recuerda es que se giró para ver si su grupo se movía y alguien vestido de negro y con la cara tapada se abalanzó sobre ella, solo recuerda su ojo azul y... "esa cicatriz...en el ojo ¿Que hacían otros cazarecompensas allí?".

Se preguntaba mientras se miraba las manos chamuscadas que poco a poco se iban regenerando.

Levantó la cabeza al ver un tipo que trasteaba los códigos de apertura de su celda, se levanto en seco, echándole una mirada desafiante, contestando a su pregunta. 

-que si estoy bien... ¿Y tu quien coño eres? - se le pasó por la cabeza "otro que quiere mis brazos" mirándole de arriba a abajo con desconfianza. 

-¿y que quieres a cambio? - dijo con cierta molestia.

—“¿Quién coño eres?” ¿Vas besando a la gente por el mundo con esa boca? —Decía en tono burlón—podrías haberlos calcinado con esos brazos. ¿Por qué no lo has hecho? ¿Por qué eres una damisela delicada? No quiero nada. Simplemente has tenido suerte de que sea un mercenario y no un dentista el que pasaba por aquí cuando ha visto todo el follón —se encogió de hombros.
-tsh, ¿a eso le llamas suerte?, hubiera salido de todos modos, con o sin tu ayuda -se acercó a él y levantó un brazo enseñándole las marcas que tenía en sus manos. 

-¿Tu sabes lo que me duele cada vez que esto se regenera?...-

- Ah no ni idea-dijo en tono impertinente, se había picado con ese tío, pero según el código de los mercenarios le debía una y eso le jodia de mala manera. 

Resopló y dijo -¿sabes que? .... Vámonos de aquí, antes de que lleguen los otros. -

corrió hasta una ventana arrancó de la pared el enrejado y le hizo el. Gesto de que se viniera tras ella, con la. Mano, la abrió trepó por la cornisa y se deslizó hasta abajo esperándole a que saliera.

—Claro que sé lo que duele. ¡Yo también tengo uno Miss Simpatía! —dijo corriendo hacia la cornisa. Bajó de un salto y se quitó la capucha— ¡¡Observadme!! ¡¡¡TENGO UNA MUJER CABREADA Y NO DUDARÉ EN USARLA!!!
Abrió los ojos de par en par, agarró al chico de la pechera y tiró de él acercandole muy cerca de su cara.

-Te quieres callar, idiota, nos van a oir-

Miró a un lado y a otro asegurándose que no los habían visto, respiró hondo y lo soltó. 

-casi me trozean y tu.. -dijo a regañadientes.

sacó un aparato que le indicó donde estaba su coche aéreo, sonrió alibiada. 

-supongo que te debo una- guardó el aparto.

-Vamos, te llevaré a donde quieras - corrió a paso ligero, queria alejarse de ese edificio, por suerte se conocía ese barrio, Sorem era un suburvio de la ciudad, donde putas y camellos convivían con mutantes y gente rechazada por la sociedad…

—Casi te trocean por no defenderte —le recordó Django riendo—y parece que podías de sobra. No me debes nada. Me gusta joder a los malos, aunque he visto que no siempre me va bien a mí… creo que hay un bosquecillo no “muy lejos” de aquí. De las pocas zonas verdes que quedan en Elysium.
Volvió a colocarse la capucha dejando al descubierto las tres plumas que llevaba a un lado de la cabeza. Una negra larga y dos rojas más cortas que su hermana pequeña le dio cuando era una niña. Empezó a juguetear con el aro del labio. Resopló un par de veces para quitarse los pelos de la cara, más largos de delante que de atrás.
 - panda de imbeciles! (dio un salto y quedo levitando mirando directa a la trupe del coche) Donde habeis sacado... Y se quedo en blanco.
-un grupo de modificados - penso. Y se abalanzo a ellos.
Queria conocer gente como ella, siempre estar sola era exasperante, però sobre todo Queria contar lo que habia percibido del bosque.

— ¡Tranquila fiera! —Dijo echándose hacia atrás cuando vio que se lanzaba hacia ellos—no creo que lanzarse de cabeza a un coche sea buena idea. Personalmente, a mí me dolería bastante.
Ariel se sorprende a ver alguien saltar de ese modo encima del coche.

- ¡mierda! ¡Será... ! -

frena el coche en seco,lo apaga y respira hondo.

-Desde luego a esta se le ha ido la olla.-

-ah, por si quieres saber algo de mí, me llamo Ariel-lo miró de reojo escapandole una sonrisa.

sale del coche dando un portazo al cerrar la puerta y se acerca al Individuo en questión.

-¿Oye tu de que vas? , eh-

- ¿es que no has visto la señal? - señala el semaforo en rojo.

-No puedes pasar la calle en rojo, joder- dice indignada

Se levanto de la cama en silencio para no despertar a Nonok que dormía cerca de él. Decidió dar una vuelta y pillar algo para desayunar. 

Apoyado en la barra de un pequeño puestecito mareaba lo que parecía chocolate derretido con un bastoncillo de plástico.
—No me has despertado— una voz robótica y aguda sonó a su espalda.
—Heyyy! Siéntate he pedido churros¬—
Nonok tomo asiento —Los churros molan— asintió.
—Jajajaja Yep— respondió K’Ivan
—Va acaba tenemos que hacer unas visitas a unos clientes— Justo después bebió el ultimo sorbo del vaso.

La pareja caminaba por un callejo cuando justo al cruzar la esquina, alguien choco violentamente contra él, haciéndole caer de culo. —¡¡Pero que…!!— los churros que se habían llevado sobrantes salieron volando del impacto cayendo estrepitosamente al suelo.
—Noooo, mis churros¬, ¿Quién coño ha sido por qué no mira…?— Levanto la vista para ver a una joven malherida en el suelo.

Después de soltar aquella maldición a los cuatro vientos sobre la locura de la gente la chica se relajó un poco más. Se acercó gateando al desconocido que se había dado de morros con ella. Cada vez que apoyaba la mano en el suelo cerraba los ojos con fuerza aguantando el dolor del brazo.
—Ay lo siento —se disculpó— me duele tanto que no tengo fuerzas para cabrearme. ¿Estás bien?
Se incorporo para ayudarla a levantarse —Perdón, si estoy bien, ¿Tu? — le extendió la mano.
Nonok se quedo de pie observando la escena.

—B-bueno… regular nada más —dijo cogiéndole la mano para ponerse de pie. Después volvió a mirar hacia atrás. —Parece que ya no me siguen. Qué descanso.
—¿Quien te seguía? — Dijo el chico, mirando hacia el callejón por el que ella había venido, con cara de extrañado.
—Ah bueno… es que… verás… —se llevó una mano a la cabeza—digamos que…la lié un poco en casa y…Riiva, mi asistenta, me dijo que me marchara con…algo que le cogí a mi padre. Nada, no pasa nada.
K’Ivan se quedo pensando un momento, desde liego no era de este sector.
—K’Ivan — Su acompañante parecía querer decirle algo.
—Si Nonok, lo sé—Izo una rápida mirada a la parte más oscura del callejón. Miro a continuación a la chica herida.
—Ven tenemos vendas y medicamentos, tienes que tapar esa herida—
Los tres salieron del callejón.
—Gracias pero creo que ya te la he liado bastante ¿no crees? —caminaba mientras sentía que el brazo empezaba a responderle. Pero la herida seguía abierta. —Putos guardias de seguridad, me las van a pagar. En cuanto pueda volver a casa esos dos se van a la putísima calle.
—Dime, de que sector eres? debes haberte perdido— K'Ivan caminaba a su lado con las manos en los bolsillos de la chaqueta.
Nonok acelero el paso para ponerse al lado de su compañero.

—¿Sector? —preguntó con las manos detrás de la cabeza. El brazo ya no le dolía y la sangre empezaba a secarse. No le hacía gracia tener aquello al descubierto, pero agradecía poderlo mover de nuevo. —Buah no tengo ni idea. Estoy perdidísima. Sé que está el laboratorio de mi padre y está lleno de casas pijas. Ahí la gente vive muy bien y tenemos asistentes personales—. No. No tenía ni idea de qué sector era el suyo. Nunca había sentido la necesidad de saberlo. — ¿Quién es? —Preguntó por la extraña criatura que acompañaba a su compañero. — ¿Un asistente? ¿Mascota? Por cierto, creo que no me he presentado. Me llamo Eithnen Kresnik.
Nonok, miro de reojo a la chica sin decir ninguna palabra, aunque no se podía ver su expresión se notó tensión en el ambiente.
K’Ivan puso su mano sobre la cabeza de Nonok.
—¡Ja! Es Nonok, siempre emos estado juntos desde que llega a Elysium, podría decirse que somos familia.—Y yo soy K’Ivan.
Siguieron caminando por el callejón…

Django sonrió. Iban avanzando. Miss Simpatía se había presentado como Ariel. Antes de que se encarase con la chica desconocida bajó del coche corriendo.
—Vaaaale, vale… alto. Supongo que… ha debido de ser un error ¿no? No puedes tener tendencias suicidas siendo tan joven. No quisiera cargar con una muerte en mi cabeza créeme. ¿Vienes del bosquecillo que hay cerca? Es de las pocas zonas verdes que quedan en Elysium.
Intentaba por todos los medios rebajar la tensión que pudiera causar Ariel con aquel genio devastador que tenía. Además, si las dos mujeres se iban a pelear él no quería estar en medio ni quería saber nada. Cuando dos mujeres luchan, los hombres se apartan. Django sabía de primera mano que tenían menos sentido del honor que un hombre a la hora de pegarse y siempre se dirigen donde saben que pueden hacer daño. Un peligro.
—Ya que estás aquí… ¿necesitas ayuda? ¿Podemos echarte un pie?
—Veréis, veo que todos estáis modificados, así que.... Creo que puedo contaros esto.
Me llamo Nahama. Y si vengo del bosquecillo de aquí al lado. Pero.... (rompió en lágrimas) tengo mucho miedo de contar esto, tengo cazar recompensas detrás...
-Nahama cuenta la historia de cómo intentaron modificarla genéricamente y fallaron y la apalizaron dando por muerta -
Desde que eso pasó vengo semanalmente al bosque porque mi modificación principal es similar a un escáner, leo todo lo que haya visto cualquier materia viva, árboles, niños, adultos, puedo ver incluso recuerdos olvidados por la gente y almacenarlos.
Pues escuche que los árboles registraron sobre una nueva modificación.
Irá en una vacuna que dicen que es para inmunizarnos contra la contaminación... esta vacuna va a acabar con toda la población sin poder, y con el resto va.... A convenirnos en títeres.
Primero se van a enviar las citaciones a los modificados registrados y luego... Cuando este vacunada toda la población, irán a por los modificados no registrados, con su nuevo ejército de títeres....

Ariel no sabía bien.si creerla o no, por el momento los medios de comunicación no habían nombrado nada de una vacuna, pensó, "umm... Que coincidència que aquellos cazarecompensas me cazaran sin matarme, ¿podría ser que esto esté relacionado con lo que está chica cuenta?.."

-Chica estas acusaciones, son muy serias, y necesitas pruebas para que te crean el tema de las vacunas-
-...lo que me interesa saber es... ¿Quien intentó modificar a tu amiga?-

Veréis, veo que todos estáis modificados, así que.... Creo que puedo contaros esto.
Me llamo Nahama. Y si vengo del bosquecillo de aquí al lado. Pero.... (rompió en lágrimas) tengo mucho miedo de contar esto, tengo cazar recompensas detrás...
-Nahama cuenta la historia de como intentaron modificarla genéricamente y fallaron y la apalizaron dando por muerta -
Desde que eso pasó vengo semanalmente al bosque porque mi modificación principal es similar a un escaner, leo todo lo que haya visto cualquier materia viva, árboles, niños, adultos, puedo ver incluso recuerdos olvidados por la gente y almacenarlos.
Pues escuche que los árboles registraron sobre una nueva modificación.
Irá en una vacuna que dicen que es para inmunizarnos contra la contaminación... esta vacuna va a acabar con toda la población sin poder, y con el resto va.... A conventirnos en títeres.
Primero se van a enviar las citaciones a los modificados registrados y luego... Cuando este vacunada toda la población, irán a por los modificados no registrados, con su nuevo ejército de títeres....

Ariel no sabía bien.si creerla o no, por el momento los medios de comunicación no habían nombrado nada de una vacuna, pensó, "umm... Que coincidència que aquellos cazarecompensas me cazaran sin matarme, ¿podría ser que esto esté relacionado con lo que está chica cuenta?.."

-Chica estas acusaciones, son muy serias, y necesitas pruebas para que te crean el tema de las vacunas-

-...lo que me interesa saber es... ¿Quien intentó modificar a tu amiga?-

Nahama toco el hombro de Ariel.
Tenso todo su cuerpo y concentro todas las imagines y sonidos que recibió en su mano.
Le traspasó toda la información. Imágenes, sonidos, conversaciones.
-espero, que esto te sirva como una prueba de que mis palabras son reales.
Espero que ahora entiendas y les hagas ver a tus 'amigos' que corren un peligro para el que si no se preparan y hacen algo ya, van a estar acabados.
Y también os recomiendo buscar registros antiguos de Gennetyc Mod, diarios de los últimos 50 años, robar archivos confidenciales o pedirme que os traspase mi material. Y así veréis las masacres que han echo.

… Llegaron a una zona descubierta una calle mas amplia y mas transitada, montones de personas deambulaba de un lado a otro.

—Así que no sabes donde vives? — Dijo encogiéndose de hombros —Chica tienes pinta de ser de un sector bien posicionado, ¿Laboratorio de tu padre? No creo que sea uno de meta, así que debe ser de desarrollo o farmacéuticas, y eso esta en el sector 22— Caminaba de arriba abajo de Eithnen. Nonok mientras tanto se alejo para desaparecer al atravesar la entrada a un pequeño callejón al otro lado de la Vía.

K’Ivan se quedó pensando un momento para al final decidirse —Mmmh… Sabes no te será fácil necesitaras ayuda para llegar, por suerte aquí me tienes, de manera totalmente desinteresada puedo ofrecerte mi ayuda.

Nonok apareció con unas vendas y desinfectantes, se puso al lado de la joven y le agarro la mano para inspeccionar la herida y tratarla.

Se estremeció cuando escuchó la palabra “masacre”, un escalofrío recorrió toda su columna hasta la última vértebra y se cruzó de brazos. Le vino a la cabeza el día de su accidente cuando estuvo a escasas horas de no contarlo. Había alguien con él que no se separaba nunca de su lado y pensó en si estaría bien después de lo que la chica explicó. Su padre además del implante de regeneración celular le puso uno de memoria y se acordaba de cualquier persona a la que hubiera quitado del medio con lujo de detalles sin importar el tiempo que hubiera pasado desde ese momento. A fin de cuentas Django se ganaba la vida como mercenario. Y a veces, era necesario matar a alguien. Muchas veces pensaba que su padre quería que participara en esas masacres. Regeneración para las heridas y buena memoria para “registrar” a las víctimas.
—Espero que se movilicen despacio. No descansaré hasta que la encuentre… Ariel, deberíamos salir de aquí antes de que alguien quiera saludarnos. No estoy muy católico hoy.
El buen humor que siempre llevaba consigo se había desvanecido.
Eithnen se dejaba hacer mientras Nonok curaba la herida. Le sorprendía su eficacia y no podía evitar compararlo a los autoreivs asistentes que había donde vivía. K’Ivan se orientaba mucho mejor que ella. Nunca tuvo la necesidad de saber esas cosas y él, sin embargo, parecía tener el mapa de la ciudad grabado en sus retinas. Miraba a la gente ir y venir pensando qué estarían haciendo o tramando, o si veía a alguien que conociera. Pero realmente sabía a quién esperaba y sabía que no iba a encontrarle nunca.
—El laboratorio de mi padre es de desarrollo. Y eso… destrozó a mi familia —dijo mordiéndose el labio inferior por la rabia. —Te envidio K’Ivan —dijo finalmente dejando ir un suspiro—mi hermano mayor tuvo un accidente y murió. Mi madre hace poco nos dejó porque a mi padre se le fue la pinza. Tengo que arreglar esto como sea. Pero Riiva de momento me ha dicho que busque a mi madre para entregarle algo. Temo que esto se me vaya de las manos—dejó ir un suspiro cansado. —No tengo modificaciones de ningún tipo ¿sabes? Soy 100% humana. Ni cyborg ni historias y pienso seguir así toda mi vida. Algo que…de no ser porque escapé de casa, no habría sido posible y estoy segura.
Estuvo en silencio unos minutos mientras seguía mirando a Nonok y después la calle. Tenía una pregunta que hacerles pero no estaba segura de si quería saber la respuesta, de modo que prefirió no formularla por el momento. Le cogió la mano a K’Ivan con la que tenía libre y se la estrechó.
—Muchas gracias por tu ayuda. Sola lo tendría jodido.
Recibió parte de la información que Nahama le pasó, sintió un como le recorria electricidad por todo el cuerpo, le impacto en sus retinas de presenciar todos esos eventos le causó una fuerte impresión.

Se soltó de golpe y se le desencajó la cara, oyó la voz del chico que Le decía algo pero no lo escucho bien.
Realmente esa chica tenía razón, Ariel lo miro y le dijo.
-estamos... Jodidos-
Le dijo a la chica - será mejor que nos escondamos antes de que tus cazadores te capturen-
Sintió que alguien los estaba vigilando, un ruido de pistola resonó y una bala le alcanzó el hombro-¡ah!, ¡vámonos! -corrió dirección hasta el. Coche-

Nahama se sobresalto igual que los demás, el poco tiempo que pudo ganar haciendo una barrera controlando las raíces de los árboles cercanos les dio unos segundos para uir todos en el coche.
Sintió las miradas de los demás, entre miedo, pesadumbre y culpa.
-Ariel tiene razón. Estamos muy jofidos. Esta gente no irá con medias tintas. Si se lo ponemos muy difícil nos exterminan. Nadie es imprescindible en su plan. Excepto ellos mismos.- Dijo Nahama algo alterada - lo sensato sería escondernos y urdir un plan, necesitamos gente, que pueda creernos y con muchísima fuerza.
Los pocos sitios para escondernos serían en distrito 5.33 o el vertedero digital de las afueras. Por esos dos sitios no hay patrullas de forma habitual. - dicho esto se echo hacia atrás en su asiento y relajo su cuerpo, la manipulación y cambio de forma de la naturaleza gastaba casi toda su energía, se tenía que reponer-.

K’Ivan Se llevo la mano libre a la cabeza. —Jajaja Vas ha hacer que me sonroje—
Su expresión cambio por una más seria —Eithnen… No te preocupes yo te ayudare puedes contar conmigo para lo que sea, sere tu guardaespaldas asta llevarte con tu madre ¿Qué me dices quieres hacer este viaje conmigo? — Tomo su mano con las dos manos.

—Idiota— Suspiro Nonok

—Listo— Termino de fijar el extremo final de la banda.

Nonok se acerco a su compañero y le dio un fuerte tirón para separarlo de la joven y alejarlo unos pocos metros para hablarle a solas.

—Te recuerdo que teníamos que hacer una visita— Dijo Nonok al oído de K’Ivan

—Es vended, se me había ido completamente de la cabeza— Miro a al joven de reojo.

—Se me ocurre algo— 

El chico alien se acercó a la chica —Esto… Antes necesitamos pasar por un sitio, pero hay un problema es una zona peligrosa necesitaras algún arma, eso sí, es prestada— Dijo guiñando un ojo.

Nonok apareció con un maletín casi de su tamaño y lo abrió frente Eithnen.

—Elige—



lunes, 6 de mayo de 2019

Misión Hatra (Parte 2)


20-2-2019

Taranis explicó con lujo de detalles lo ocurrido, con demasiados pelos y señales para el gusto de Gwyddyon y después, fue él quien escribió un informe que envió a los archivos de los Pacificadores. El naga se reunió con el consejero de su raza, un naga llamado Ferg que apoyó su mano en la espalda de su joven soldado mientras caminaban por el pasillo.

—Hijo, te he dicho muchas veces que eso son historias. Tenemos investigadores buscando información y no encuentran nada. Tu compañero no le ha dado mucha importancia.
—¡Esas cosas se cargaron a mi gente! —gritó golpeando la pared metálica. El consejero se estremeció ante el molesto ruido.

—Chico, limítate a buscar lo que te pedimos. Ya tenemos bastante con saber que estuvisteis jugando con una maldita cazarrecompensas. Sí…—asintió frente a la atónita mirada del pacificador—Taranis nos informó de esa mocosa, Brynhildr. Estos malditos cazarrecompensas no saben cuando mantener sus narices alejadas de los asuntos de las autoridades.

—La cazarrecompensas no suponía ningún problema, Señor.

—Pues te propongo algo —sonrió el hombre cogiendo unas piedras del suelo haciéndolas girar con los dedos de una mano. Habían llegado al jardín artificial casi sin darse cuenta mientras hablaban. —Si no viste nada en esa nave, quizá yo tampoco he oído el informe de Taranis.

—Ferg, Señor…no puedo aceptar su chant…esto…propuesta.

—Muy bien hijo—dijo el hombre—ya que te niegas a aceptar la propuesta, antes de que acabe la semana esa mocosa y cualquier aliado suyo que se encuentre aquí, será ejecutado.

Gwyddyon asintió y salió del jardín encolerizado. Recorrió el pasillo a grandes zancadas sin volverse a saludar a la gente que lo llamaba y se dirigió al bar donde se reunían todos cuando acababan su turno. Se encontró a Taranis hablando con una pareja de alienígenas. Cogió al chico del cuello de la ropa y lo llevó contra la pared del bar.

—¿Por qué has tenido que decir qué era esa chica? ¿por qué metes a una civil en asuntos de la autoridad?

—¿Civil? Los cazarrecompensas son una molestia ¿no te has dado cuenta? —dijo golpeándolo en la mano para que lo soltara.—Simplemente me limito a allanarnos el camino.

Gwyddyon emitió un gruñido soltando de la ropa de su compañero bruscamente y se marchó del bar. Estaba dispuesto a encontrar a Brynhildr y a sacarla de la ciudadela sana y salva. Si alguien podía ayudarlo a buscar más sobre aquellas cosas era ella, un ser libre que no estaba sujeto a ninguna norma.

—¡Ponme otras!— El Hombre de la barra se acerco a ella, un cyborg fornido con las extremidades izquierdas robóticas.

—Marchando otra cerveza para la señorita— La música del local y los gritos de los allí presentes enmudecía cualquier conversación.

—¿Celebras algo? — pregunto el barman.

—Un trabajo bien hecho— Grito la chica sacudiendo la cabeza al ritmo de la música. Se había ganado unos cuantos créditos con la última faena y hacía tiempo que no se daba un respiro para salir de marcha.

El cyborg se dio la vuelta para atender a los demás clientes.

Noto que otro hombre se sentó en la barra justo a su derecha.

—¿Hey, estás sola?— Alto, con media melena pelirroja y el lateral izquierdo rapado, ojos azul casi blanco, su voz quedo casi apagada con el ruido ambiental.

Le llamo la atención un tatuaje en su mejilla izquierda con el numero 십일 (11)

—Yo nunca estoy sola¬— Dijo Brunhilda antes de dar un largo trago a su cerveza.

—Lo siento no me presentado, me llamo Sibil— Dijo sonriendo.
Lo miro de arriba abajo —Lo siento, no eres mi tipo—

El chico rio —No creo que sea necesario— Se aparto la cazadora a un lado para dejar ver una placa metálica en su pecho.

Brunhilda se levantó de golpe y el agente le agarro del hombro —Tienes que venir conmigo— ella reacciono al instante, poso su mano sobre la de Sibil y con un giro de muñeca le hizo una llave inmovilizadora para acto seguido empujarlo de una patada, cayendo encima de una mesa dejándola totalmente destruida.

Brunhilda salió corriendo intentando hacerse paso entre la multitud eufórica que parecía no darse cuenta de nada de lo que estaba pasando, sumergidos en el ambiente de fiesta.

Dos agentes más se abrían paso con dificultad desde la entrada a la que la Joven intentaba llegar. Uno de ellos parecía un armario, un gorila de dos metros, y su compañero una chica alta y atlética con un ojo biónico.

—¡DETENEDLA!— Grito Sibil levantándose del suelo.

—Si, y una porra me vais a coger— Dijo Brunhilda apartando a unos y otros.

—¡ALTO! — El hombre armario se abalanzo sobre ella dejando caer su enorme puño para golpearla, el peso cayo con violencia sobre Brunhilda, que consiguió detenerlo con las manos para evitar un golpe directo a la cabeza, la fuerza logro hundirla dos centímetros en el suelo, su compañera también le alcanzo y está la golpeo con una porra eléctrica en las costillas. La Joven grito de dolor, empujo el puño del gorila a un lado el cual destrozo el suelo en su caída. De un salto se alejó metro y medio de los agentes, hecho mano del bolsillo y lanzo una granada de humo. El caos se apodero del local, y aprovechando la confusión logro alcanzar la salida.

Gwyddyon se dirigió a los callejones de la ciudadela buscando a Brunhilda. Sabiendo que era una cazarrecompensas le hizo omitir directamente los sitios que frecuentaban los altos cargos y autoridades, por lo que optó en primer lugar por buscar en los bares y garitos donde se reunía la gente rara.

Arqueó una ceja y no se sorprendió cuando escuchó cierto alboroto salir de un bar y echó a correr cuando vio que salía humo. Se dio de bruces con alguien.

—Vaya. Aquí estás—. La miró de arriba abajo y vio que estaba un poco magullada. La agarró del brazo y echó a correr con ella en dirección contraria a los bares. Vio con el rabillo del ojo que salían guardias del bar buscando a alguien. Intuyó que se trataba de ella.

La noticia se había extendido como la pólvora tan pronto como él abandonó el edificio. No podía creer que la comunicación fuera tan eficaz cuando precisamente no era necesario que lo fuera. De camino a las naves, se encontró con Soren, su compañero de armas turiano y lo más parecido a un hermano que Gwyddyon había tenido nunca.

—Coge una nave pacificadora para evitar problemas—. Le dijo en un susurro.—Así podrás viajar sin que te interroguen y sin que te causen demasiados quebraderos de cabeza.

—Gracias. Siempre me ayudas—. Cogió de nuevo a la chica del brazo y echó a correr hasta que dobló la esquina de la calle.

Soltando a Brunhilda del brazo, decidió que podían aminorar la marcha. Si iban corriendo hasta el hangar podían levantar sospechas. Por el camino, otro guardia de seguridad les cortó el paso identificando a Brunhilda.

—Quítate del medio o te mato.

—…Eres un mentiroso horrible —dijo el guardia echándose a reír—que sepas que Soren y yo somos de los pocos que te apoyan ahora mismo ¿Recuerdas el pacificador que te acompañó a la nave destruida?

—Sí…Taranis —respondió con un deje de duda en la voz y ladeando un poco la cabeza.

—Gracias a él ahora el Consejo sabe por qué sigues respirando y eso no les ha gustado. Pactaste con una consciencia alienígena de solo dios sabe dónde. Y decir que esos bichos que mataron a tu gente son reales, no ha hecho más que poner las cosas a su favor. Hay muchos civiles que empiezan a ponerse nerviosos.

—Mira, no quiero hablar del pacto ¿entendido? —dijo bastante molesto—nadie se hace a la idea de lo jodido que estoy, ni tampoco quiero que se interesen por ello. Respecto a esos bichos… mataron a mi gente —apretó los dientes por la rabia—si tengo que renunciar a todo por lo que he luchado, lo haré. No quiero que la historia se repita.

—Y no olvides que no quitaste del medio a la cazarrecompensas que te acompaña. Son un incordio para nuestro trabajo y una molestia. Si ellos se ocupan de los asuntos que nos incumben a nosotros, se perderán muchos datos de criminales. Ellos solo piensan en la recompensa, no registran ni archivan nada. El Consejo te la tiene jurada y no has hecho más que empeorarlo todo. No sé qué harás a partir de ahora amigo. Pero si tus aliados de aquí podemos hacer algo para ayudarte, no dudes en pedir lo que sea. El Consejo está corrupto y eso lo sabemos todos. Cuida de ella. Los humanos son muy interesantes, ya lo verás.

Gwyddyon asintió y sin decir nada más, apoyó la mano en la espalda de Brunhilda para hacerla caminar hasta las naves. Buscó la suya y subió a bordo con la humana delante de él para evitar que se escapara. Una vez dentro, la dejó a sus anchas y él se acercó a la ventana apoyando la cabeza en el cristal, pensando hacia dónde podían ir. Una nave pacificadora vagando por el espacio no era demasiado normal porque siempre sabían hacia dónde debían ir. No era necesario darle ninguna explicación a la cazarrecompensas. Había oído incluso cosas que no tenían nada que ver con ella. Pero lo más probable es que una cosa sí le quedó clara: querían matarla porque Taranis delató que Gwyddyon se negó a abandonarla y ella había “interferido” en el trabajo de las autoridades.

La joven reacciono al instante en el que Gwyddyon al fin la dejo ir.

—¿PERO QUE TE HAS CREIDO, PEDAZO DE BRUTO? El chico parecido ignorarla mientras se acercaba a una de las ventanas del pasillo.

—Que te lo has creído que voy a abandonar a mi niña en esa asquerosa estación.

Brunhilda avanzo por el pasillo en dirección opuesta al pacificador hecha una furia, maldiciendo a los cuatro vientos.

El corredor se dividía en secciones con puertas ermiticas, muy habitual en las naves para poder sellar secciones en caso averías con posibles fugas. Cuando ella se acercaba la puerta se abría y tras su paso estas se cerraban, a la derecha del pasillo puertas y a la izquierda ventanas de 40x60 a pocos metros de distancia de una a la otra.
Se paro en seco y miro a través del cristal, todavía podía verse la estación a lo lejos.

—¿Me recibes?—la joven permanecía quieta con los ojos fijos a la lejanía.

—HOLA, BRUNHILDA— una voz femenina sonó en su cabeza.

—Rastrea mi ubicación, ocúltate en la luna más cercana y espera a una nueva orden.

—SI SEÑORITA BRUNHILDA.

Los minutos comenzaron a convertirse en horas, y no saber a dónde iban ni el motivo por el que la perseguían le hacía servir la sangre no estaba acostumbrada a no tener el control de la situación. Por suerte encontró un camarote de su agrado para pasar el tiempo. Una habitación probablemente la de un capitán, sencilla pero espaciosa con una cama en lugar de la litera como las demás, un sofá en ele y dispensador de bebida.
Se encontraba tumbada en el sofá con los pies en alto mirando el techo.

—¿Que narices se supone que he visto para que me persigan, y el tío raro este, porque ha huido también? Toda esto huele que hecha para tras a cosa mala. Necesito saber más, por otro lado, podría bloquear el armamento de la nave y hackear el puerto de lanzamiento de las capsulas de salvamento y largarme de aquí. — la muchacha se mordía el labio inferior mientras pensaba en voz alta, con la mirada todavía fija en el techo.

—Si necesito saber que se está cociendo aquí.

Los parpados comenzaron a pesarle, cerro los ojos y se puso a dormir.
Gwyddyon repitió en tono burlón lo que Brunhilda le dijo y prefirió no dirigirle la palabra hasta que se calmara. Después de todo la culpa era suya por meter las narices en asuntos de las autoridades. A él tampoco le gustaban los cazarrecompensas y los tenía como si fueran una molestia, pero tampoco quería que nadie saliera malparado por ideas suyas.

Dejó ir un suspiro y dejó a su acompañante hacer a voluntad. Dio una vuelta por la nave con el objetivo de buscar intrusos para quitarlos del medio rápidamente. Estaba de mal humor. Para su sorpresa, logró establecer comunicación con Soren y Gwyddyon arqueó una ceja.

—Si que da de sí esto.

—¿Pensabas que usábamos cualquier mierda de tecnología o qué?
Dime, ¿has salido ya?

—Sí. Pero la moles…Brunhilda está cabreadísima.

—No es para menos.

—Ha sido culpa suya por meter las narices donde no debía. No sé de qué sistema remoto viene ni qué leyes hay. Pero aquí ese tipo de gente no es bien recibida.

—No sé. Es solo una sugerencia, pero… ¿has probado de razonar con ella?

—¿Razonar? Como se nota que no estás aquí. Es imposible. Pasando.

Soren empezó a reír divertido. Cuando el chico se ponía así, al turiano le venía a la cabeza cuando Gwyddyon tenía 11 años, cuando recién había entrado en el cuerpo de Pacificadores.

—Vamos, vamos. No seas tan duro. Ella solo estaba haciendo su trabajo.

—Y yo el mío.

—Gwyddyon por los dioses —decía el turiano ya un poco cansado—que hables con ella. Vais a pasar mucho tiempo solos. Más os vale enterrar el hacha de guerra cuanto antes.

—Ella misma se ha buscado que la quieran muerta por meter las narices donde no le incumbe.

—¿Y no te parece raro que por una tontería así la quieran quitar del medio?

Gwyddyon se calló de golpe. Ahora que el turiano lo decía, sí que era una nimiedad en comparación a otras cosas que habían ocurrido. ¿Y si ella sabía algo que no querían que saliera a la luz? Pero no podía ser. Vieron lo mismo. Aquellos extraños bichos…

—¡Soren! ¿Y si el Consejo ya sabía de la existencia de esas cosas y no tenían interés en que nadie más lo supiera?

—Parece que hay algo que quieras contarme coleguita. Venga, suéltalo.

—Bueno. A mí también me quieren muerto. Escuché algo que no debería. Algo sobre algún tipo de arma, desconozco para qué. Erróneamente se lo comenté a Taranis, que era miembro de mi escuadrón… y al parecer, ese desgraciado está con ellos.

—¿Por qué no me has dicho nada todo este tiempo?

—Para no tirar por tierra tu visión del Consejo. Me las he apañado solo como he podido.

Sin decir nada más y dejándolo con la palabra en la boca, Gwyddyon cortó la comunicación con Soren. No sabía si estaba enfadado o preocupado, o una mezcla de ambas cosas. El caso es que en ese instante no sabía cómo continuar y estaba bloqueado. Ahora sentía que el Consejo lo había llevado a la boca del lobo. Lo habían enviado a explorar una nave donde seguramente sabían qué encontraría, lo más probable que para quitarlo del medio. Y el hecho de que Brunhilda estuviera allí la metió en problemas al meterse en un asunto turbio que no querían que se supiera. Entonces, ¿sabían que había una mujer allí y que alguien iría a por ella? negó con la cabeza a su propio pensamiento. Era imposible que el Consejo fuera capaz de hacer algo así solo para librarse de alguien. Era demasiado cruel.

—¿Qué voy a hacer ahora? —se preguntó a sí mismo en voz alta. Se dejó caer sobre el asiento del piloto echando la cabeza hacia atrás, mirando al techo.

Cansada de no hacer nada Brunhilda se puso en pie, decidió que quería enterarse de que estaba pasando en este cuadrante del espacio. No siempre podías estar en una nave militar vagando a tus anchas sin vigilancia, sería una buena oportunidad echar una ojeada a tecnología ¿puntera? Todo aquello no le parecía mejor que su nave, quizás porque le había dedicado mucho tiempo diseñándola y fabricándola desde cero, sea como fuese tenía una oportunidad genial y quien sabe… quizás podría conectarse a la IA de abordo, si es que este trasto tenía.

—¿Veamos esto qué es? Va, un trasto— el objeto golpeo el suelo provocando un ruido metálico.

La cazar recompensas estaba de rodillas registrando una caja en la bodega de carga.

—¿Pero qué…? Otro cacharro inútil— un golpe seco de metal contra metal retumbo en la bodega.

Se levanto de un brinco y sacudió el polvo de sus rodillas, Miro a ambos lados.

—Esto es una pérdida de tiempo, será mejor que mire en otra parte. Tiene que haber un aria de servicio donde pueda conectarme con suerte puede que encuentre donde están lo juguetitos interesantes.

Retiro el último de los tornillos y extrajo la tapa dejando al descubierto una panel con barias concesiones y una pequeña pantalla táctil en la que se mostraban las rutinas de diagnóstico de la nave y dos luces una fija de color verde y otra amarilla intermitente.

La joven hecho mano de su bolsa y tomo un cable de no más de metro y medio. Se retiro el pelo hacia un lado dejando ver una diminuta conexión a la altura del lóbulo de la oreja a dos dedos de distancia por detrás de esta.

Un extremo del cable lo conecto a su implante y el contrario al panel. La luz amarilla parpadeante quedo fija. Los ojos de la joven comenzaron a moverse rápidamente como si estuviera intentando leer las letras del lateral de un tren de alta velocidad. Ya estaba, estaba conectada.

El ruido sacó a Gwyddyon de su ensimismamiento y se levantó del asiento del piloto desperezándose ruidosamente estirando los brazos hacia arriba todo lo que era capaz, casi le dio un tirón muscular.

Después, mientras hacía girar los hombros, salió de la sala y se dirigió al lugar del que había escuchado el estruendo. Sabía que solo podía ser Brunhilda, solo estaban ellos en la nave. Recorrió la nave en silencio hasta que entró en la bodega. Vio a la chica agachada con un cable conectado a la IA. Se quedó apoyado en el umbral de la puerta con los brazos cruzados y el peso apoyado en una pierna. Tras carraspear un poco, decidió hablar.

—¿Qué crees que estás haciendo? No hay nada que sea de tu interés. Para—. Cogió el cable y la desconectó. A pesar de que debería haberse enfadado no lo estaba. No tenía energías para eso en esos momentos, otras preocupaciones ocupaban su cabeza.— Si quieres saber algo en concreto, será mejor que me lo preguntes a mí.

No veía bien que una civil, una cazarrecompensas, intentara averiguar nada de una nave militar.
—Mira. Entiendo que estés cabreada porque esto ha pasado muy de repente—explicaba tratando de enterrar el hacha de guerra. Era un chico paciente, pero su paciencia no era eterna—pero cada rincón de la galaxia tiene su forma de hacer las cosas y los cazarrecompensas aquí no estáis bien vistos porque entorpecéis el trabajo de las autoridades legales. ¿Por qué estás aquí? No lo sé. Tampoco sé qué es lo que te han pedido, has escogido etc. Pero no me lo pongas difícil—parecía cansado y preocupado. Aunque debería estar enfadado por lo que había hecho con la IA no lo conseguía. No dejaba de pensar en qué pasaría con ellos.— Mira, yo...

En ese momento Soren quería hablar con él y cortó la conversación de golpe. Se llevó una mano a la oreja y sonrió. Le seguía impresionando que la comunicación fuera tan fluida a pesar de la distancia. Se alejó de allí dejando a Brunhilda sola.

¿Cómo va?
—Fatal. La he pillado husmeando la IA de la nave.
—No sé si quiere enterarse de todo lo que ha visto esa nave ni tampoco de sus características. Por cierto cambiando de tema, te noto la voz rara. ¿Estás resfriado?
—N-No. No es nada.
—¿Gwyddyon? Tío me estás rayando. Estás muy lejos y no puedo ir a echarte una mano hermano.
—R-recuerdas… el…el p-pacto…con…aquella cosa … cuando… ¿me pegaron el tiro en la cabeza?
—…Sssssi…
—Está volviendo a las andadas…otra vez…Vritrá…a veces parece que quiere ver el mundo arder.
—Te precipitaste mucho al pactar con aquella cosa.
—No quería palmarla.

Tras hablar de varias cosas sin importancia y después de preguntar por su amigo y su acompañante, cortaron la comunicación. Gwyddyon se quitó las gafas dejándolas caer al suelo, se pasó la mano por la frente y suspiró apoyando las manos en la pared. Cerró los ojos con fuerza y tragó saliva.

No sabía en qué momento se quedó dormido. Tampoco si había logrado sentarse en algún lugar o si cayó al suelo. Pero veía lo ocurrido aquella tarde. Los enemigos avanzaban e iban ganando terreno. 

Parte de los Pacificadores resultaron ser traidores o espías que jamás los consideraron enemigos y recibieron un golpe que estuvo a punto de acabar con todos ellos. El Consejo quería aquella colonia humana, no sabían qué había o para qué iba a servir, ellos solo obedecían. Un francotirador estaba apuntando a Gwyddyon en la cabeza desde algún lugar que nunca sabría. Después, todo se volvió negro y oscuro empezando una cuenta atrás que parecía inevitable…

El flujo de datos se detuvo en seco, y la joven vio a su compañero forzoso frente a ella. Hablaba de algo, no sé, algo de una galaxia y un rincón. Tras una desconexión prematura tardaba unos segundos en orientarse, solo podía oír fragmentos de su discurso, de todos modos no creía que fuese nada importante. Vio como este se dio la vuelta y atendía una llamada. 

—Diooos! Que tiio mas plasta— Aprovecho la ausencia de Gwyddyon y se conecto el cable de nuevo.

Toda la sala se desvaneció ante sus ojos, de nuevo regreso al interior de la IA de la nave (Toda esta parte serian ceros y unos y pasaría en pocos segundos, pero vamos a hacerlo más grafico XD) Brunhilda se encontraba caminando por un largo pasillo, al fondo podía deslumbrar una gran sala repleta de estantes caminos y mas caminos formados por montones de estanterías con documentos.

—Identifícate! — Un hombre apareció de la nada materializándose en el aire.

—Código de identificación 031117826¬—La joven espero respuesta de la IA

—Verificado, Bienvenido al sistema Sr Gwyddyon, ¿En qué puedo ayudarle? — por suerte memorizo al código de identificación de su querido compañero que la trajo tan gentilmente hasta aquí.
—Acceso a archivos confidenciales—

—Identificación 031117826, no tiene acceso a archivos confidenciales, petición denegada.

—Menuda chusta, le han retirado privilegios.

Brunhilda continúo investigando datos de la nave cometido, construcción, planos en general todo aquello que estuviese al alcance de sus credenciales.

BURUUMMMMM! Un estruendo la obligo a desconectarse nuevamente. Algo detuvo la nave.
Miro por una de las ventanas que daban al exterior, avían entrado en zona perteneciente a un planeta Mercante y frente a ellos dos naves les cortaban el paso.

Gwyddyon abrió los ojos al escuchar el estruendo y lo primero que pensó fue que podía tratarse de un ataque. Entonces se le ocurrió que debía hacerle un lavado de cara a esa nave y cambiarle el nombre. Lo dejaría en la lista de tareas pendientes. Quizá su revoltosa y cansina acompañante querría meter mano en el tuneo.

Se levantó con una mano en la cabeza y vio dos naves que para su suerte, no eran fragatas militares ni cruceros de combate. Suspiró aliviado. Estableció comunicación con ellos y arqueó una ceja cuando vio que se trataba de un peaje para dirigirse al planeta. No le parecía mala idea. Necesitaba estirar las piernas y sacar a Brunhilda de allí dentro antes de que volara la nave en pedazos.
Tras mantener una tranquila conversación con ellos y después de transferir los créditos que le pidieron, ambos vehículos se separaron dejándolos pasar. No tardó ni un instante en decidirse a aterrizar y dibujó una sonrisa maliciosa al pensar en Brunhilda dando tumbos por la nave mientras cruzaban la atmosfera del planeta. Habría sido algo que le hubiera gustado ver, pero también podía hacerse daño y por los dioses, no era tan despiadado.
Después de avisar a la chica a gritos que iban a aterrizar, recibió una llamada de Taranis, su antiguo compañero.

—Gwyddyon. Buenas noticias.

—Viniendo de ti dudo que sean buenas traidor. Pienso matarte en cuanto estés delante.

—Claro, lo que tú digas. Escucha, dice el consejo que si llevas a esa chica de vuelta, harán la vista gorda. Están muy interesados en ella y parece que en ti.

— ¿En ella? ¿Por qué?

—Pues se ve que hay gente investigándola y no es un ser humano cualquiera, como yo.

—Ya.

—Al venir de otra galaxia hay gente que quiere saber más de ella. No sé, cosas de científicos. Respecto a ti… bueno…

—Te dejo.

Cortó la comunicación con Taranis mientras reconsideraba llevar a Brunhilda y entregársela al consejo. Se quedó mirando el pasillo por donde desapareció cuando entraron en la nave. No la había vuelto a ver desde entonces. Era buena idea entregarla y se quitaría un dolor de cabeza inmenso de encima además de que recuperaría su puesto. Pero le preocupaba ese “interés” que tenían en él.

—Vritrá. ¿Qué hago?

— ¿Oh? ¿Ahora recurres a mí maldito cobarde? Deshazte de esa mujer pero no regreses. Te devolverán tu puesto. A ellos no les importa que esa mocosa esté viva o muerta. No te ha dicho cómo quieren que la lleves ¿no?

De momento bajarían a aquel planeta para estirar las piernas y tomarse un descanso. Después ya verían lo que harían.

7-5-2019