lunes, 26 de marzo de 2018

Reto: narrativa con palabras clave

Aquí va el reto de Marzo.


Mientras Alex y Nathan bebían un chocolate frío en su cafetería favorita empezaron a leer el diario que  se había dejado un hombre mayor en su mesa. Estuvieron echando un vistazo sin prestar mucha atención hasta que leyeron algo sobre el nuevo jarrón del museo de Tale que encontraron en una excavación. Ambos chicos se miraron mientras sonreían con malicia. No era necesario decir ni una sola palabra porque sabían qué era lo que estaba pensando el otro. Demasiado tiempo trabajando juntos.
Se levantaron con el periódico en la mano y tras pagar sus bebidas, pues querían volver varias veces a aquel establecimiento y no les salía a cuenta correr sin pagar, decidieron buscar información sobre el preciado objeto. Parecía pertenecer a una familia de hacía más de 300 años. En el mercado negro de arqueología darían un buen dineral por él. Aquel jarrón debía caer en sus manos.
Ese día, pasaron por el museo para estudiar cómo se distribuían los guardias mientras buscaban las cámaras de seguridad, instaladas en las esquinas del techo de la sala donde se encontraba el preciado tesoro que estaban dispuestos a robar. Se acercaron a él y vieron que había una cerradura. Era obvio, no lo iban a dejar al descubierto. Y romper el cristal no era una opción. Demasiado ruido inútil. Salieron del museo y vieron a la hija del director con su madre. Era una niña muy agraciada. De cabello rojo con un bonito lazo en la cabeza. Se notaba que le gustaban los adornos. Alex sintió un fuerte rechazo hacia ella. Los adornos que solían gustar a las mujeres costaban un dineral y él no iba jugándose la vida por el mundo para después gastar la fortuna en preseas.
 La niña llevaba un osito de peluche cogido de la mano y su madre le insistía pesada en que tuviera cuidado con él porque era muy bonito. Pero Alex y Nathan interpretaron el mensaje de otra manera. ¿Y si ese peluche escondía una… llave? No sería el primer caso en el que encontrarían algo así dentro de un objeto mundano. Debían hacerse con ese peluche.
     Habría sido más fácil esconder la llave en algún abrigo favorito, pero no. Debían meterlo dentro de ese peluche. ¿Cómo vamos a cogerlo?— preguntó Nathan—habrá que seguirlas y meternos en su casa.
     Nos hemos metido en sitios peores. Esto será una tontería. Solo espero que si se necesita algún tipo de contraseña, sea supercalifragilisticoespialidoso, mira que me costó aprender la dichosa palabra por si podía resultarnos de utilidad en un futuro… ¿recuerdas aquella contraseña que nos llevó una semana adivinar?
     Sí, la dichosa frasecita palíndroma de las narices. Hay gente muy rebuscada. Me gusta. Admítelo Sasha, hace más ilusión un botín conseguido con esfuerzo y superación que darte de morros con el típico objeto sagrado de un templo donde la gente, muy inocente ella, cree que está a salvo.

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miércoles, 21 de marzo de 2018

Nuevo Mundo


20-3-2018
Eithnen logró atravesar el portal en el último momento justo cuando sentía que una fuerte onda expansiva amenazaba con partirle la espalda. Al llegar al otro lado de la misteriosa puerta de luz azul, cayó sobre un campo de flores totalmente verde y salpicado de vivos colores. Un sol de justicia brillaba en el cielo pero hacía frío. Debía de ser otoño o invierno. Eithnen se quedó mirando las nubes con su ropa totalmente rota y hecha jirones. El pantalón lo tenía roto por debajo de las rodillas y las mangas de la camisa estaban arrancadas por varias partes presentando unos brazos llenos de heridas. La sangre también asomaba por el color beige del pantalón cargo con el que había viajado durante tanto tiempo por Gaya en busca de respuestas. Pero aquello no era Gaya y sintió un intenso desasosiego.
     ¿Dónde estoy?— preguntó para sí misma mirando a todas partes. Se incorporó quejándose, pues le dolía hasta el último rincón de su cuerpo y le dolían músculos que ni sabía que tenía. Se puso de pie con mucho esfuerzo y empezó a caminar tambaleándose en dirección al bosque. Pronto anochecería y debía buscar un refugio.
Tras llevar un rato caminando parecía que su cuerpo había eliminado todo dolor que pudiera sentir. Pero pasadas otras horas, empezó a sentir que el agotamiento estaba llevándola al límite. Estaba oscuro, no había luz y era luna menguante. No había luminosidad en el bosque y los sonidos le parecían siniestros. Era como si alguien fuera a salir de entre la espesura en cualquier momento. Buscó en su bolsa algunas provisiones que llevaba para el viaje y vio horrorizada que se habían estropeado. Frustrada, las tiró al suelo, se colgó la mochila vacía y empezó a buscar un arroyo en el que conseguir agua.
Tropezó varias veces por las heridas y la oscuridad. Aquellos bosques no los conocía. Cayó rodando por una ladera hasta que fue a parar de bruces contra un arroyo. Sacó la cabeza del agua jadeando, luchando por conseguir una bocanada de aire. El frío del agua aclaró sus ideas. No estaba en Gaya. No iba a volver nunca más a su mundo porque se había destruido. Estaba atrapada.
Sabiendo la gravedad de su situación, apoyó la espalda en un árbol apretando los dientes por cada movimiento que hacía. Se abrazó las rodillas y empezó a llorar.
Aquella noche la fortuna quiso ponerse de parte de Eithnen. Cerca de ella pasaba una muchacha cazando. Llevaba un arco en la mano y pisaba el suelo como si flotara. No llevaba muchas más pertenencias que Eithnen pero su estado de salud era claramente superior y mucho mejor.
     Hola.
La voz sobresaltó a la humana, que se movió hacia un lado gritando de dolor después de que las heridas le recordaran que estaban ahí. Apretó los dientes y se llevó las manos al costado.
     ¡Calma, calma no es una enemiga!— se apresuró a decir rápidamente—calma… ¿vale? No es… un enemigo.
No tenía más remedio que confiar en las palabras de aquella chica. No era humana. Se agachó frente a ella y Eithnen intentó moverse sin éxito. Sin decir nada, la desconocida cargó con ella a peso hasta lo que parecía un refugio. Era una cueva lo suficientemente profunda como la resguardarse. Dejó a Eithnen en un camastro confeccionado con elementos naturales lo suficientemente cómodo como para pasar una pequeña temporada.
     Se llama Madra. ¿Y tú?
     E… Eithnen…—dijo casi sin voz.
     Ella te ayudará no temas. Todo saldrá bien. Lleva mucho tiempo viajando por el mundo y sabe mucho de plantas. Esas heridas sanarán y cicatrizarán sin dejar rastro.
Madra empezó a examinar las heridas mientras las lavaba y desinfectaba con un preparado de plantas que hizo en unos minutos. Tenía los ingredientes en su bolsa y mientras la curaba, le explicaba que estaba de peregrinación. Eithnen escuchaba atentamente. Era su única compañía en ese mundo desconocido y hostil. Se sentía débil, desprotegida y vulnerable, y eso le hacía hervir la sangre. Sentía que estaba a merced de Madra, que aunque no parecía tener malas intenciones, le asustaba enormemente depender de una desconocida. Las heridas estaban cubiertas por esa extraña capa de pasta de plantas que olía entre una mezcla de dulce y amargo.
A las pocas horas de recibir ayuda Eithnen despertó. Madra estaba delante del fuego despedazando la caza que había conseguido mientras hablaba algo en su idioma.
     ¿Qué haces?— preguntó la chica.
     ¡Deberías estar en cama!— la regañó—aún estás débil y es muy tarde.
     Me ha llamado la atención ver que hacías algo.
     Estaba preparando la cena. Cazó algo mientras dormías y ahora mismo agradecía al bosque que la dejara coger a sus hijos.
Eithnen, atraída por aquella explicación, se sentó en el suelo.
     Si matas a alguien es para comer. No debes quitarle la vida a nadie nunca porque no te guste. Cuando matamos a alguien es porque esa persona tiene algo que nos refleja a nosotros mismos. Algo de nosotros que nos incomoda. Y eso es feo. Y si la naturaleza te deja que le quites la vida a uno de sus hijos es porque ella tiene grandes planes para ti y necesita tu energía. Así que estaba dándole las gracias.
     Entiendo… en Gaya a veces mataban por deporte. Para vender partes de los animales por las que ofrecían mucho dinero en los mercados negros o para crear productos de lujo.
     ¿¡Qué!? ¡¡¡eso es una crueldad y debería castigarse!!!
     Lo sé. Había humanos que luchaban para acabar con esa crueldad… pero siempre había caza ilegal. Miles de especies se extinguieron.
Madra no respondió. Eithnen imaginaba que estaba enfurecida. Clavaba la carne en palos de madera que había preparado quitándoles las astillas y las clavó cerca del fuego. Después, empezó a limpiar con mismo el puñal.
     Lo… lo siento.
     Lo sabe. Todos los humanos sois iguales pero algunos, a diferencia de muchos otros, tenéis lo que definís como “buen corazón”. Aunque no sabe qué tiene que ver el órgano que mantiene con vida y su estado de salud.
     Bueno. Los humanos usamos muchas metáforas para referirnos a estados de ánimo. Igual que usamos refranes que enseñan sabiduría popular—sonrió— tener buen corazón significa ser una persona noble y buena. Que carece de malas intenciones.
     Ten—dijo tendiéndole uno de los palos con carne—tienes que recuperar fuerzas.
     Gracias.
Cenaron en silencio. Eithnen no se atrevía a decir nada más. Madra parecía confundida por el comportamiento del ser humano. No entendía por qué eran tan crueles con otros ni tampoco entendía por qué hablaban de una cosa para referirse a otra. Eran criaturas demasiado extrañas, no la extrañaba que no fueran demasiado queridas. Después de cenar, pasado un rato de la digestión, Eithnen se acostó de nuevo por el dolor de las heridas y Madra, hizo lo mismo rato después, cuando asimiló la información sobre los humanos que su compañera le había dado.
A la mañana siguiente, Madra se levantó con otra perspectiva. Quería saber más de los humanos y sabía que no lo conseguiría si no ayudaba a Eithnen. La noche anterior tardó en dormirse porque sintió el poder mágico emanar del cuerpo de la humana, pero por más que la investigaba, no veía indicios de que fuera un ser mágico.
     ¿Sabes hablar el idioma antiguo?
     Sí. Lo entiendo bastante. ¿Por qué?
     Anoche sintió que emanabas poder mágico. ¿Sabes usar la magia?
     No. La verdad.
     Creo que ella tiene cosas que enseñarte. Quisiera enseñártelas mientras ella aprende sobre los humanos contigo. ¿Te gustaría?
     Claro. Pero, ¿qué ganas tú?
     Ella sola nada. Pero ganamos todos evitando una amenaza más en Hesperia. La magia descontrolada puede ser un grandísimo problema.

viernes, 16 de marzo de 2018

Slow Motion


16-3-2018

SLOW MOTION

Gwyddyon corría por aquel mundo extraño persiguiendo al asesino del consejero de Hatra turiano. Le lanzaba los cuchillos pero aquel hombre era muy escurridizo. No era algo que hubiera visto antes. Frustrado, el oni decidió que Vritra tomara el control de su cuerpo por completo. Todavía rabiaba al pensar lo que le ocurrió a su gente y a la persona que él más quería en el mundo. El consejero asesinado también tenía familia y gente a la que amaba. Vritra, encantado de que le cediera el control, movió la mano de Gwyddyon sacudiéndola en el aire y de repente, el ambiente empezó a distorsionarse y una barrera grisácea se extendió por todo el lugar. Logró esquivar una bala que iba directa a su cabeza. Si Vritra no hubiera detenido el tiempo, él ahora mismo estaría muerto. Pudo ver la bala con claridad pasar por su lado y el oni abrió mucho los ojos. Pero de nuevo el control pasó al asura, que echó a correr hacia el asesino. Era el único que podía moverse. Todo se había congelado y él era el fantasma que se movía invisible en el mundo de los vivos. Con pasos sombríos se acercó al asesino y antes de que él pudiera reaccionar, Vritra estaba frente a él riendo. Jugando con su presa antes de matarla.

Lo llevó contra una pared retorciéndole el brazo en la espalda y le rompió un dedo. El tiempo, al ir más lento, le provocaba un sufrimiento interminable al hombre, que intentaba suplicar por su vida. Pero la línea temporal había sido alterada y no lo conseguía. La voz no llegaba a la realidad y solo se escuchaba la risa desquiciada de Vritra rompiéndole los dedos de uno en uno. Cuando jugó con él lo suficiente, decidió matarlo lentamente regocijándose en su agonía. Lenta, dolorosa e interminable. Aceleraba el tiempo para herirle y cuando él rugía de dolor, Vritra volvía a congelarlo todo mientras el asesino sentía un dolor desgarrador perpetuo. Él mismo suplicaba a Gwyddyon que acabara con su vida. Pero Vritra no estaba dispuesto a dejar escapar a su presa de aquella manera tan cobarde.

— Buscaré a tu familia—decía en su oído—la traeré aquí. Y la mataré lentamente… uno tras otro, y otro, y otro… hasta que sientas el mismo dolor que sintió el consejero y su familia tras anunciar su muerte…—pasó la mano por el rostro empapado en sudor del asesino deimos— pobre desgraciado…—dijo con sorna— ¿creías que te ibas a librar? Qué pena me das…—apoyó su cabeza en la del deimos—qué pena me das—empezó a reír.

— ¡¡¡Estás loco!!! ¡¡¡estás loco de remate!!!

— ¡Dilo más lento por favor!— ralentizó el tiempo a la vez que el asesino hablaba y Vritra hundió el dedo índice en el ojo del asesino con el guante metálico de Gwyddyon puesto.

El hombre murió tras una tortura eterna. Vritra se sacudió la mano para limpiarla de los fluidos oculares del asesino deimos mientras reía.

— ¡Bueno tío ya te has divertido suficiente!— dijo Errante corriendo hacia él. Cuando entró en la distorsión temporal, el asura creía que tendría dificultades para moverse pero caminaba por ella con toda la tranquilidad. Errante ni siquiera era consciente de la distorsión— ¡¡Gwyddyon vuelve!!

Vritra se desvaneció y Gwyddyon se desplomó. Errante le agarró antes de que cayera al suelo y se agachó junto a él apoyando la espalda del oni en su rodilla. Tenía la cabeza echada hacia atrás con los ojos entreabiertos clavados en el cielo y la boca medio abierta. Errante le daba suaves golpecitos en la cara con la mano para traerlo de vuelta.

— Vamos tío. Despierta. Vuelve.

— … ¿Qué coj…?

— Te cepillaste al asesino pero de manera brutal.

— ¿Brutal?

— ¿No te acuerdas?—preguntó riendo— ¡menuda carnicería has montado! Rompiendo huesos y sacando ojos.

— «Vritra»

— Tienes una forma un poco jodida de matar ¿sabes? El ensañamiento no es moralmente aceptable.

— ¿Qué sabrás tú de moral?

Dicho esto, echó la cabeza hacia atrás de nuevo y perdió el conocimiento. Errante lo mantuvo en la misma posición. Con la espalda y la cabeza del oni apoyadas en la pierna del turan.

— « ¿Por qué no te acuerdas de nada?»— pensó mientras miraba el rostro inconsciente de su amigo.

Al rato, escuchó la Perseus que se acercaba a ellos. Hawkeri la conducía. El turan hizo señales con las manos y le ayudaron a subir a Gwyddyon a la aeronave para abandonar aquel mundo extraño.

lunes, 12 de febrero de 2018

Muerto al amanecer



12-2-2018
Muerto al amanecer
En las dos tabernas del pueblo anunciaban la aparición de una criatura llamada strigoi. Ninat y Chandra permanecían sentadas con sendas bebidas en la mesa mientras hablaban de su último registro. Un hada que intentó seducir a Ninat. Chandra no podía parar de reír y aunque la lukavy ya se sentía molesta, sabía que su amiga disfrutaba recordando el caso. La taberna tenía una iluminación mediocre pero el precio era justo y se reunía mucha gente de todo el mundo para abrir y cerrar tratos. La tabernera siempre tenía faena y se la veía encantada con su clientela.
     Según los mitos un strigoi es el alma de un muerto que sale de la tumba por las noches para meter mierda entre el vecindario. Si es mujer, es una strigoaica y suelen ser brujas. La madre que las parió.
     Este caso parece un hombre y gracias a la diosa, no es un strigoi mort. No es un vampiro. Me caen muy gordos esos tipos—dijo cruzando una pierna por encima de la otra.
     La mujer que colgó el anuncio le dijo a la tabernera que este tío se metió en el cuarto de su hijo y le absorbió la fuerza vital.
     ¿Ha muerto el niño?— preguntó Ninat con el corazón en un puño. Casi se le paró cuando Chandra asintió con la cabeza en silencio.
     Para que dejen en paz a la gente, muchos desperdigan semillas con clavos dentro. Al parecer tienen una extraña obsesión con las cuentas y cuentan las semillas. Cuando se pinchan con un clavo, empiezan de cero.
     Eso son tonterías. Son cazadores, tienen hambre.
     Sí. Pero esa tradición estúpida brinda tranquilidad a la gente ahora que ese bicho anda suelto. Debemos dejar que sigan creyéndolo hasta que acabemos con él. Le arrancamos el corazón y lo despedazamos.
     Se dice que un strigoi no se convierte porque un vampiro le muerda ¿cierto? Se dice que es el séptimo hijo hombre de una bruja o de una mujer que haya puesto adornos. No se diferencian de los humanos. Se dice que con vampiros humanos. Humanos con capacidades vampíricas pero que viven bajo las leyes naturales.
     También dicen que pertenecen al orden supremo de la jerarquía vampírica—añadió Chandra—sea lo que sea, tenemos que empezar a movernos ya. No queda mucho para que caiga el sol y me temo otro ataque.
Pasaron el resto de la tarde en la taberna pensando en el monstruo. Preguntaron a la tabernera dónde podían encontrar a la mujer y ella respondió que vivía en la última casa de aquella calle. El pueblo era pequeño y los vecinos se conocían entre ellos. Preguntaron por la señora Elene y tras seguir varias indicaciones, llegaron a su casa. Llamaron a la puerta, y la mujer pareció alegrarse mucho cuando las vio y dijeron que pertenecían al clan de cazadores de monstruos. Los ojos de la mujer se anegaron en lágrimas y abrazó a Ninat llorando suplicando por la muerte del monstruo que mató a su hijo. Sabía que no le devolvería a la vida a su hijo, pero así tanto ella como el pequeño, podrían descansar en paz con su muerte vengada.
     Dígame, señora—empezó Chandra— ¿alguna mujer por aquí que sea bruja o adúltera?
     Mmmm… hubo una mujer que tuvo varios amantes y quedó encinta de uno de ellos. Su marido, encolerizado, decidió abandonarla. No quiso hacerle daño para no enfurecer a Dios desobedeciendo su mandamiento “no matarás”.
     Un pueblo religioso—Ninat sintió un intenso escalofrío. Todo lo que rodeaba a la religión solía acabar en desastre.
     Iremos a echar un vistazo a su casa primero.
     Es aquella casa que hay al final del camino. Su familia es noble y tienen una finca muy grande. Tened cuidado allí dentro, por favor.
     Claro.
Abandonaron la casa de la mujer pero las llamó. Preguntó si tenía que pagarles algo por la captura del strigoi. No trabajaban de gratis. Pero aquella cosa había asesinado a un niño pequeño. Y una de las cosas más dolorosas del mundo era que un hijo muriera antes que los padres. De modo que por esa vez, cogieron el encargo gratis. El líder del clan no se enfadaría y estaban seguras de que lo comprendería. Pues ellas siempre cobraban por las capturas, por muy insignificantes que fueran.
Cayó la noche y la luna proyectaba sombras siniestras en las calles. El cielo estaba despejado y no se veían las estrellas por el resplandor de la luna llena. Casi no había luz en las calles. Aquel pueblo estaba alejado de la civilización y todavía vivían anclados a las viejas costumbres. Varios amuletos colgaban de ventanas y puertas para espantar al mal. Y vieron en algunas entradas las semillas con los clavos.
     ¿Cómo han conseguido meter un clavo dentro de una semilla?— preguntó Ninat cogiendo una.
     Imagínate el tiempo que llevan viviendo con esto.
Mientras caminaban, escucharon una respiración agónica cerca de ellas. Ninat clavó sus ojos en las sombras de un callejón entre dos casas. Chandra vio que su amiga se ponía tensa.
     ¿Qué ves?
     Hay algo ahí que se mueve.
Sin pensárselo, la lukavy se abalanzó sobre lo que se movía en el callejón y tuvo que parar cuando vio que se trataba de un hombre ebrio. Éste se aterrorizó y empezó a gritar.
     ¡Strigoi, strigoi, strigoi!
     ¡¡Calma no soy esa cosa!!— exclamó Ninat— ¡por favor! ¿¡tan fea soy!?
     ¡Strigoi! ¡strigoi!
Chandra se giró y vio que lo tenían detrás. La criatura dibujó en su rostro lo que parecía una sonrisa y el hombre, echó a correr entorpecido por el alcohol. Antes de que pudiera ponerse a salvo, la criatura lo devoró. Era un humanoide de piel tan blanca que se podían ver sus venas dibujadas en la piel. De ojos rojos inyectados en sangre y sin cabello. Con grandes orejas que recordaban a las de un murciélago. Y unos dientes grotescos y muy grandes llenos de restos de carne y sangre. De aspecto cadavérico, casi con la musculatura al descubierto y largas uñas negras.
     Dios. Qué cosa tan horrible—dijo Ninat— ¡Chandra, a por él!
     ¡¡¡Vuelve!!!
Empezaron a correr por el pueblo siguiendo al strigoi. Este corrió hasta la casa que dijo la mujer del niño fallecido y cuando entraron tras él, las puertas se cerraron de golpe quedando a oscuras frente a una gran escalera que subía al piso superior y se dividía en dos pasillos llenos de cuadros.
     Vale. Ninat, rastréale.
La chica empezó a oler el aire. Buscaba rastros de su presa y rápidamente sintió olor a sangre en el piso superior. Chandra siguió a su compañera y cuando abrieron una de las puertas del pasillo izquierdo, vieron a una mujer muerta con marcas de mordeduras. La chica decidió quemar el cuerpo antes de que se levantara y cuando le lanzó la llama, el cuerpo empezó a convulsionarse y a moverse violentamente cayendo pasto del fuego. Chandra suspiró. Se habían librado de una buena. Continuaron buscando al strigoi y llegaron a una habitación de niño. Las paredes estaban adornadas con estrellas que brillaban en la oscuridad y un móvil que daba vueltas en el techo. Vieron al monstruo en la cama. Agachado en un rincón con la cabeza apoyada en la pared.
     Hasta aquí has llegado, cosa asquerosa—gruñó Ninat.
El strigoi tenía un muñeco de acción entre sus manos que parecía mirar con carió y melancolía. Ninat se detuvo cuando iba a matarle y él se giró con la figura en las manos. Comprendieron que era el hijo de la mujer que estaba muerta en la otra habitación. Era la mujer adúltera y aquel su séptimo hijo.
     No tienen entretenimiento en este pueblo ¿o qué?— preguntó la lukavy.
     Es frecuente tener muchos hijos cuando eres alguien importante. Para que tu riqueza no se pierda—le explicó sin dejar de mirar a su presa.
El strigoi tiró el muñeco hacia un lado y saltó sobre Chandra. La chica sacó su cuchillo y apuñaló al monstruo. Este retrocedió chillando de dolor. Debían aguantar hasta que empezara a salir el sol y echaron a correr por la casa perseguidas por el monstruo. No le harían daño durante la noche.
Echaron a correr por el pueblo aguantando a la criatura y evitando sus mordeduras y arañazos. Podían ser fatales y podía ser él quien las matara a ellas. Huían de él sin perderle mucho el rastro. En cuanto empezara a asomar el sol, le arrancarían las entrañas. El strigoi golpeó a Chandra y la lanzó contra la pared. La sujetó por los brazos y abrió su horrible y asquerosa boca llena de dientes. Se abrió hasta límites insospechados y ella no pudo evitar gritar de puro terror.
     ¡Chandra!— Ninat saltó sobre el monstruo y le cortó el cuello con el puñal. En ese momento, las sombras empezaban a disiparse y el cielo se estaba volviendo claro. La lukavy agarró al strigoi y Chandra le arrancó el corazón. Él empezó a agonizar. Su corazón seguía latiendo fuera de su cuerpo y la humana lo lanzó al suelo para después pisarlo. El sol convirtió en cenizas el cuerpo.
     Al fin—dijo Chandra secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano.
     ¡Lo habéis conseguido!— exclamó Elene— por fin mi niño podrá descansar en paz—rompió a llorar dándoles las gracias a las escoriólogas mientras la luz del amanecer se llevaba la pesadilla vivida.