viernes, 19 de enero de 2018

Lucerna



4-10-2017
Lucerna
La búsqueda del barco mundo era incesante y finalmente consiguieron ponerse de acuerdo. Samira estaba pendiente del mar con los prismáticos mientras que Alex oteaba el horizonte a simple vista.
     ¿Ya ves bien así? —preguntó Nathan a Alex. Su amigo asintió poco convencido—. Toma.
     ¡Ey! ¿de dónde lo has sacado?
     No preguntes. —Dijo riendo —con esto verás mejor y no te secarás los ojos. Yo no lo necesito, mi vista da para mucho.
     ¿Y Dione, qué hace? —preguntó mientras miraba por el catalejo.
     Por ahí va. Pensando solo en el barco para que no acabemos en un posible fin del mundo.
     ¿Crees que habrá superado ya lo que ocurrió con su padre? —preguntó esta vez Samira acercándose a ellos.
     No lo sé. No sé lo que piensa. —Admitió Alex.
     Pues tú eres quien mejor la conoce… —recordó la joven dejando de mirar por los prismáticos—. No hay ni rastro del Lucerna. ¿De verdad existe ese barco? No me gustaría haber robado esa brújula para nada.
     Tranquila. Es un barco fantasma. Estoy seguro de que aparecerá en un banco de niebla o al anochecer. Como cualquier barco chungo que se precie.
Cuando cayó la noche, Nathan se ofreció para seguir buscando. Su condición de mestizo lukavy le facilitaba ver a oscuras. Algo llamó su atención y aguzó la vista mirando al agua. Había una mujer bellísima. Esta también tenía el cabello azul pero no era como la joven de piel blanca y orejas largas y puntiagudas. Aunque recordaba ligeramente a un exathi, no lo era. Flotaba en el agua dibujando ondas que se hacían cada vez más grandes hasta desaparecer. Se frotó los ojos y volvió a mirar para descubrir decepcionado que aquella mujer ya no estaba allí.
     ¿Qué demonios…? Estaré cansado…
Horas más tarde después de cenar, Nathan decidió continuar buscando. Mientras miraba distraído el mar y pensaba en varias cosas, unas nubes aparecidas de la nada empezaron a tapar la luna y a dificultar la visión. Llamó rápidamente a sus amigos y salieron corriendo a la cubierta para ver lo que estaba ocurriendo: Lucerna estaba allí. Alex no pudo evitar ocultar su euforia y los otros parecían impresionados por el tamaño de aquel navío. Por fuera parecía un barco normal y corriente aunque muy siniestro pero nada en él indicaba aquellas dimensiones exageradas. Alex elevó la aeronave hasta sobrevolar el Lucerna y aterrizó en él. Para su sorpresa, cuando pisaron el barco, era como haber viajado a un mundo totalmente distinto.
     Oye… ¿y nos distinguirán de los muertos? —preguntó Samira preocupada. Nathan sonrió.
     No. Seguramente la gente que veamos en el barco sea como nosotros. Quizás ni saben que están muertos.
     ¿Puede ser? —preguntó Samira de nuevo.
     Claro. Venga, vamos a echar un vistazo.
     ¿Qué buscamos exactamente?
     Cualquier cosa documentable, tesoros, rarezas… —enumeró Alex.
Caminaban por aquel misterioso lugar y no daba la sensación de que la gente que viajaba en el barco estuviera muerta. Dentro del propio barco había casas y calles. Era como una ciudad flotante. Y se les hacía difícil creer que Lucerna era un mundo entero. Dione sentía curiosidad por llegar hasta el final de aquel lugar pero las historias contaban que era imposible. Quizás los muertos se entretenían en cruzar Lucerna de punta a punta.
     Este sitio me da un poco de escalofríos. Voy a ver si consigo lo que quiero y nos vamos pronto. —Dijo Nathan con una cámara—. Grabaremos un vídeo y nos damos el piro.
     ¿Dónde están Alex y Sam?
     Hace rato que no sé nada de ellos… —se cruzó de brazos— estarán explorando en busca de tesoros o algo de valor. Ayúdame con esto anda.
Empezaron a grabar y a escribir para después pasarlo todo en casa con tranquilidad. La gente no parecía tener en cuenta lo que estaban haciendo e iban haciendo su “vida” normal. Era de noche, pero no parecía afectarles en sus actividades, como si no fueran conscientes del paso del tiempo. Pasaban las horas y ni Alex ni Samira daban señales de vida. Sus amigos empezaban a preocuparse y cuando tuvieron documentado lo que querían, decidieron ponerse a buscar. Mientras caminaban Dione recordó que el Lucerna también transportaba las fases de la luna.
     ¿Te juegas algo que ese par de cenutrios están buscando la luna?
     No me extrañaría nada de nada… —suspiró Nathan.
     ¡Ahí estáis!
     ¡Sam, Sasha! —exclamó el chico corriendo hacia ellos— ¿¡dónde os habíais metido!?
     ¡Mirad qué hemos encontrado! —dijo Alex felizmente abriendo las manos.
     ¿Qué son? —Dione cogió un par de piedras de la mano de Alex. Eran brillantes de color blanco. Desprendían un brillo como el de la luna pero mucho más suave.
     Piedras selenitas.  Este barco tiene una especie de… ¿satélite? Que solo es real aquí. Este mundo es rarísimo. Hemos sido capaces de llegar a la luna, coger piedras y volver. ¡Mola mucho!
     Las leyes de la lógica a la basura… —decía Nathan pasándose las piedras de una mano a otra. Se ve que esas fases de la luna representan la vida y la muerte de quienes pretenden cruzar el barco a pie. No sé, será mejor que nos vayamos.
     No os vais a ir a ninguna parte…
Un hombre con la túnica rasgada les cortó el paso. Presentaba un estado de descomposición avanzado que hizo retroceder a Samira horrorizada. Él se echó a reír por la reacción de la chica y se quitó la máscara que le cubría el rostro. Su boca estaba descarnada y tenía una risa permanente, y un fuerte olor a sangre impregnaba el lugar. Sus ojos estaban vacíos pero emitían un resplandor amarillo desde lo más profundo de sus cuencas. Algunos pedazos de carne caían al suelo de sus manos dejando al descubierto los huesos de los dedos.
     Macho. Te estás quedando en los huesos.
     Sasha ¿de verdad? —preguntó Nathan.
De su mano huesuda empezó a formarse una esfera negra que impactó contra Nathan. Sintió un frío intenso y después cayó al suelo. Lo último que escuchó fue a Alex gritar su nombre y vio a Samira caer al suelo. Ella se levantó ayudada por Dione, pero él no tuvo tiempo de verlo. El no muerto reía divertido.
     Muchos incautos que buscan el Lucerna por gloria acaban uniéndose a nosotros. Vosotros no sois distintos a ellos. Sois saqueadores, gente que busca el beneficio propio sin tener en cuenta a los demás. No nos vais a dejar en paz en nuestro último viaje buscando aquellas pertenencias que tuvimos en vida para vuestro propio uso…
     Somos cazatesoros. —Dijo Dione plantándole cara — ¡si algo nos gusta nos lo llevamos!  Es… ¡es nuestra forma de ganarnos la vida!
     Pues deberíais haber buscado algo menos peligroso. ¡Morid!
Una segunda esfera empezó a formarse en las manos del enemigo y Dione invocó una barrera que desvió la energía oscura hacia todas direcciones matando por segunda vez a algunas personas de la calle y haciendo algunos daños materiales. La joven cerró los ojos con fuerza al ver que algunos inocentes habían desaparecido. Ya no estaban en Eternia ni en Lucerna. Alex cargó con Nathan y decidieron huir de su enemigo. Él se echó a reír advirtiéndoles de que no iban a poderse esconder de él para siempre.
Lejos del enemigo, Alex dejó a su amigo en el suelo con cuidado. Estaba frío y pálido. Dione inspeccionó sus constantes vitales y eran bajas. Empezó a remover en su bolsa en busca de algo que pudiera servir para ayudar a Nathan, y recordó el brebaje antimagia. Rompería el hechizo que le provocaría la muerte a su amigo. Le pidió a Alex y Samira que mantuvieran el cuerpo del chico caliente y que fueran hablándole de cualquier cosa. Aún en su inconsciencia todavía podía escuchar algo aunque no entendiera el qué.
     Esto es una poción antimagia. La gente con la capacidad de dominar la antimagia son escasas en el mundo y hay incluso quien jamás llega a despertar esos poderes. Así que tenemos que hacerlo así. Esto romperá el hechizo que ese tío le ha hecho. Y cuando despierte… por favor… acabemos con él.
     ¿Con Nate?
     ¡Con ese hombre!
     No te enfades. ¡Que era broma! —rio Alex.
     ¡Eso espero!
Las horas pasaban y la salud de Nathan parecía no ir mejorando. Dione parecía estar muy segura de lo que había hecho y Samira, aunque intentaba confiar ciegamente en ella, tenía sus dudas. Alex de vez en cuando echaba un vistazo a su amigo. Al amanecer, Nathan ya había empezado a recuperar el color de la piel y su cuerpo empezaba a emanar calor de nuevo. Sintió que estaba tapado y se sentía seguro. Se encontraba en su habitación en la aeronave. Se levantó sobresaltado con el corazón en un puño. Comprobó aliviado que seguía latiéndole. Se levantó y se marchó corriendo a la sala de reuniones donde comían y pasaban el rato. Allí estaban sus amigos totalmente dormidos de cualquier manera. Sonrió, al día siguiente probablemente les dolería todo. Se los quedó mirando durante un rato y una punzada de tristeza recorrió su cuerpo como un rayo.
     «Deja de pensar tonterías Nate…están todos aquí.»—Volvió a la habitación y se durmió sin ninguna pesadilla.
A la mañana siguiente Dione se despertó con ganas de acabar con aquel hombre que intentó matarles y que hirió a Nathan. Todos estaban de acuerdo.
     Dejad que os ayude. ¡Ese tío casi me cepilla!
     ¡Nate! —exclamó Alex corriendo hacia él dándole un abrazo. Dione hizo lo mismo. Esperó la reacción de Samira pero simplemente le sonrió y él suspiró.
     «Sigue sin confiar mucho en mí, me odia.» Venga—dijo— vamos a por ese tío. Se va a cagar.
Abandonaron la aeronave y empezaron a recorrer Lucerna buscando al hombre que intentó matarle. Preguntaban a la gente y todos negaban saber quién era. Ellos tenían la sensación de que estaban mintiendo. Aquella criatura descarnada parecía ser un jefecillo o alguien importante en aquel lugar.
     ¿Cómo nos cargamos a ese mamarracho? —preguntó Samira.
     Con antimagia. Me quedó algo de lo que le di a Nate anoche. Anula los efectos mágicos y si ese tiparraco se basa en la magia, quedará en igualdad de condiciones.
     Yo la usaré. —Se ofreció Samira— nadie… nadie se espera que ocurra nada por mi parte… así que supongo que es la mejor opción.
     Será peligroso. —Dijo Alex — ¿estás segura?
     Dejad que os ayude maldita sea.
     De acuerdo. —Asintió el chico con la cabeza.
Recorrieron gran parte del lugar en busca del enemigo hasta que finalmente apareció. Reía divertido mirando a Nathan.
     Parece que has salvado el culo ¿eh? Muchachito. —Carcajeó.
     ¿Pero de que te ríes colega?— preguntó.
Antes de que ocurriera nada, Samira lanzó la antimagia en el enemigo y este, furioso, arremetió contra ella y ambos cayeron por un acantilado. Él había perdido sus poderes mágicos y ya no podía volar, por lo que estaban en igualdad de condiciones. Samira y él luchaban por hacer caer al otro mientras se aferraban con fuerza a las rocas e intentaban subir para ponerse a salvo. Un golpe hizo resbalar a la humana y cayó unos pocos metros por debajo de su enemigo, quien la siguió sin dudar para matarla. Pero ella no parecía tener miedo. Ahora que era igual que ella, le costaría menos.
     ¿Sabes? Siempre me he preguntado qué clase de poder mágico tengo. Desde que nací he sentido que no soy como muchos otros niños con los que estudiaba y jugaba. Ahora por fin, puedo saber de qué estoy hecha.
Embistió al hombre y ambos cayeron al mar. El golpe dejó a ambos aturdidos y su enemigo se hundió el primero. Samira sabía que aquel hombre no emergería del fondo del mar pero por otro lado corría su misma suerte. Estaba mareada, su cuerpo no le respondía.
     «No ha matado a Nathan… pero parece que me va a matar a mí…»
Una voz la hizo salir del aturdimiento. Una mujer bellísima de cabello azul con un vestido que parecía fluir como el agua. Su estatura era pequeña, más pequeña que la suya pero se veía sabia y poderosa. Segura de sí misma desafiando a las aguas. La llevó de vuelta a la playa donde esperaría a que sus amigos se reunieran con ella.
     ¿Estás bien? —preguntó con una voz dulce y melodiosa. Samira abrió los ojos y tras parpadear varias veces, asintió con la cabeza—. Me llamo Undine.
     … ¿Eres uno de los Grandes Espíritus? —preguntó débilmente.
     Eso es. —Sonrió— menos mal que estás despierta. Podrías haber acabado como ese hombre, pero no quise.
     ¿Le has ahogado tú?
     En efecto. He visto que querías proteger a esos chicos y he imaginado lo importantes que deben de ser para ti y lo mucho que debes significar tú para ellos. Debía hacer algo. En un rato vendrán a por ti, estás un poco lejos. Ten paciencia y recupérate.
     Undine. ¿Crees que podría ser útil como Alex, Nathan y Dione?
     No entiendo la pregunta.
     Mi pasión es escribir y me ayuda mucho viajar con ellos. Pero me gustaría ayudarles cuando pasa algo. Serles de utilidad. Alex es muy bueno con las dagas y sabe hacer mil cosas con ellas y desde que se encontró aquella media esfera que lleva engastada en la mano, sus capacidades físicas son geniales. Nate igual, y encima le ayuda el hecho de que es medio lukavy. Y Dione es sanadora. Yo, sin embargo…
     ¡¡¡Sam!!! —Dione corrió hacia ella y la abrazó con fuerza poniéndose a llorar— ¿estás herida? ¿te ha hecho algo? ¿todo bien? ¡qué susto nos has dado!
     Has sido muy valiente— reconoció Alex —pero la próxima vez, piensa un poco más antes de tirarte por ahí. No vuelas. Me alegra ver que estás bien, gracias a los dioses.
     Me alegro de que estés bien. —Fue lo único que dijo Nathan.
     Ella me ha salvado la vida. Undine.
     Muchas gracias por lo que has hecho Undine —dijo Dione cogiéndole de las manos. La joven del agua sonrió asintiendo. No comprendía el gesto de cogerle de las manos pero intuyó que era en señal de gratitud.
     Ha sido un placer. Me encargué de que ese hombre malvado no saliera jamás del lecho marino. Ahora, debéis abandonar Lucerna antes de que el barco crea que sois muertos. Yo os llevaré de vuelta a vuestra aeronave. —Dirigió una mirada a Samira antes de enviarles de vuelta al vehículo—. Tienes algunas habilidades que pueden resultar útiles. Te has podido comunicar conmigo sin problemas. Así que puedes comunicarte con los elementos.
     Pero mis amigos también.
     No. Ellos me ven porque tú estás cerca.
     Dione. ¿Has encontrado algún hechizo interesante o algo? —preguntó Alex.
     Bueno. Más que un hechizo, unas semillas que me gustaría cultivar para ver de qué son y para qué sirven.
La mujer hizo aparecer al grupo en la aeronave y haciendo caso de lo que Undine dijo y después de que Nathan y Samira resultaran heridos, abandonaron el barco mundo con la información que habían ido a buscar.
Ya de nuevo en la civilización, Nathan empezó a escribir sobre el barco. Era tan grande como un mundo. Era imposible recorrerlo a pie porque la vida de los mortales no era lo suficientemente larga para llegar de proa a popa. Las ciudades que había en aquel lugar eran tétricas y carecían de mucha luz. No se parecían en nada a las ciudades de los vivos y se respiraba muerte en cada esquina. Los “habitantes” de las ciudades hacían “vida” normal. Salían a la calle y paseaban lo que parecía ser que se ignoraban unos a otros, todos ellos carentes de sentimientos y emociones. Después decidió adjuntar algunas imágenes del Lucerna para corroborar sus descripciones y envió el documento a alguien.
     ¿A quién se lo has mandado? —preguntó Samira con desconfianza.
     ¿Qué? Ah… a nadie. Me he mandado una copia de seguridad por si pasa algo…
     Claro. —Se marchó.
     ¿Cuándo pensáis decirle que lo que hacemos no está del todo bien?— preguntó Nathan a Alex.
     ¿Del todo? Tío, lo que hacemos está fatal. Estamos jodiéndole la vida a los historiadores y a los que sueñan despiertos. ¿Ves? Hemos visto Lucerna antes que muchos otros pringaos que lo buscan.
     ¿Qué hacemos ahora con la brújula? —preguntó Dione —ya no la vamos a necesitar.
     Pues la guardaré en la colección de objetos útiles. —Sonrió— si la devolvemos al museo, vamos a tener problemas.
     Seguramente la estarán echando de menos ya… estarán buscando a los responsables.
     Probablemente. Será mejor que nos la quedemos… y ya la devolveremos en otro momento. —Dijo Alex pasándose la brújula de una mano a otra—. Además… puede sernos muy útil. Cualquier animalada que deseemos nos puede indicar dónde encontrarla.

El barco mundo (Lucerna)



14-9-2017
El barco mundo
     He oído muchas historias sobre el Lucerna. —Dijo Samira juntando las manos sobre la mesa. Nathan, Alex y Dione escuchaban atentamente—. Se dice que su interior es mágico, es tan grande como Eternia y a una persona le tomaría la vida entera cruzarlo caminando de proa a popa. Es un barco fantasma, por lo que es así de grande para cumplir su cometido de transporte para muertos vivientes y brujas. Aunque también se dice que transporta las distintas fases de la luna.
     ¿Y en qué aguas se puede encontrar ese barco? —preguntó Alex —deberíamos buscarlo, puede ser interesante. ¿No os gustaría verlo?
     Claro. —Asintió Dione —quisiera documentar todo lo que pueda y que el resto de la humanidad sepa de su existencia.
     Ten en cuenta… —siguió Nathan —de que no siempre es bueno saberlo todo.
     No, la verdad es que no. —Dijo Samira levantándose de la mesa —pero podemos echar un vistazo.
     ¡Debemos echar un vistazo! —concluyó Alex — ¡venga chicos, hay un pedazo de barco rarísimo en algún lugar de Eternia y nos lo estamos perdiendo!
     ¿Cómo vamos a encontrarlo? Los mares y océanos eternios son descomunales— preguntó Dione disgustada.
     Podríamos buscar la brújula de los Deseos. —Propuso Nathan —llamada así… por obviedades —Se encogió de hombros.
     ¿Qué hace esa brújula? ¿no sirve una normal? —quiso saber Alex.
     No. —Samira explicó qué era—. Es una brújula que indica la dirección de aquello que deseas. Basta con desear querer encontrar el barco y nos llevará hasta él. Eso sí, si empezamos a desear otra cosa, la brújula cambiará de sentido y nos perderemos.
     Nada de pensar cosas raras, ¿entendido? —preguntó Dione a Alex. Él se llevó una mano a la cabeza y respondió.
     Ni que pensara siempre en cosas raras. ¿Por quién me tomas?
     Tú hazme caso y ya. —Se echó a reír.
     Bien. ¿Cuándo partimos? —preguntó Samira.
     Tengo que terminar un trabajo importante —dijo Nathan pensativo —si me dais un par de días para finiquitarlo, nos largamos. Me pidieron que escribiera sobre mi última expedición en la que rescaté a un grupo de excursionistas en la nieve. Quieren hablar conmigo y tengo algunas reuniones.
     Vaya, impresionante. —Dijo Dione.
     Sí, pero no es tan divertido como ir con vosotros de un lado al otro.
     Iremos a por la brújula primero. —Se ofreció Alex —así cuando acabes ya la tendremos a mano.
     No tan rápido amiguito. —Le detuvo Nathan cogiéndole del brazo —esa brújula es parte de una exposición en el museo de Tale. Ya sabes por dónde voy.
     Ah… habrá que pisparla. —Rio Dione.
     Exacto.
     Dione y yo iremos a echar un vistazo al museo hoy para ver la distribución de la exposición y los sistemas de seguridad. ¿Qué me dices?
     Me parece bien. Alex, ¿te apuntas? —preguntó Dione.
     Paso. Los museos son muy aburridos si no vas a liarla y supongo que Nate querrá que le esperemos para la fiesta.
     Pues sí. Me gusta pispar cosas…
Se echaron a reír y después Nathan se despidió de Alex con una palmadita en el hombro. Les sonrió y les dijo que se portaran bien. Una mentira como una catedral. Eran ladrones, aventureros. Tenían un motivo por el que hacían todo aquello. La aventura, los descubrimientos y los robos a nobles que servían para ayudar a los más necesitados. El gobierno de Eternia marginaba mucho a los más desfavorecidos y todos los lujos y ventajas siempre eran para los más importantes. No sabían si alguna vez cambiarían las cosas pero hasta que no ocurriera, continuarían así.
Samira y Dione se dirigieron al museo de Tale para localizar la brújula. Pagaron las entradas y sin levantar ni una sola sospecha, entraron en el recinto. Una mujer les ofrecía auriculares para una visita guiada y ellas, con toda la cortesía de la que fueron capaces rechazaron la oferta con la excusa de que querían estudiar unos objetos en cuestión y tomar varios apuntes. La mujer preguntó cuál era ese objeto y ellas preguntaron sobre la brújula de los Deseos. La guía les indicó en qué sala se encontraba y las condujo hasta allí mientras Samira memorizaba el camino y Dione la situación de cada guardia.
     Vale. Está claro que esta brújula tiene algún tipo de poder, está especialmente custodiada así que no cabe duda de que se trata de lo que buscamos. —Dijo Samira.
     Ahora habría que poner rastreadores a los guardias. Pero ¿cómo?
     Verás.
Dione echó a caminar despistada por la sala bajo la atenta mirada de los guardias y cuando vio la oportunidad, se dejó caer fingiendo que era un mareo. El guardia corrió para socorrerla y le pidió que por favor, se agarrara a él. Ella lo hizo dándole las gracias débilmente y le colocó el rastreador en la chaqueta de forma imperceptible.
     ¿Se encuentra bien señorita? ¿quiere que llame a una ambulancia?
     No, gracias… estoy bien caballero. Muy amable. Habrá sido por el calor.
     Siempre decimos que sería conveniente bajar más la temperatura de los aires acondicionados pero se niegan. ¿Puedo hacer algo más por usted?
     Ya ha hecho suficiente, buen hombre. Gracias. — Volvió con Samira y le guiñó un ojo. Su amiga se echó a reír—. Lo malo es que ese truco solo servirá una vez.
     Puedo probar yo si quieres.
     Sospecharán mucho… habrá que jugar con lo que tenemos.
Salieron del museo y se reunieron con Alex y Nathan, quien tardó un poco más en llegar. Quedaron en las ruinas de una vieja iglesia donde no solía haber mucha gente.
     ¿Habéis conseguido algo? —preguntó Alex.
     Hay bastante seguridad en la sala de la brújula. Dione consiguió ponerle un rastreador a uno de los guardias.
     ¿Sólo a uno? —preguntó Nathan.
     No colaría dos veces el mismo truco. —Respondió Dione.
     Bueno, nos apañaremos. Esta noche Alex y yo iremos a… cogerla prestada.
     ¿Y Sam y yo?
     Vosotras ya habéis hecho un buen trabajo. Si un caso Dione, ¿te vienes para vigilar que no vengan los guardias?
     ¿Y yo?
     Sam… —Nathan suspiró sonriendo —todos sabemos que no eres como nosotros. Que no eres una ladrona ni nada parecido… no puedo pedirte que hagas algo que te incomoda.
     ¡Pero quiero ayudaros!
     Sí, lo sé. Y te lo agradezco mucho. Pero no es plan de meterte en fregados en los que no te sientes bien. Iremos nosotros tres.
Esa noche, dejaron a Samira en su casa y se marcharon al museo para buscar la brújula. Sabían que su amiga no se sentía cómoda haciendo esas cosas, pero por otro lado, también sabían que se moría por echar una mano de la mejor manera posible.
Ya en el interior del museo, Dione activó el rastreador del guardia. Una luz roja aparecía en una pequeña pantalla que representaba el mapa del recinto. La brújula estaba señalada con el icono de una estrella rosa. Con Alex en cabeza, Dione en el centro y Nathan cerrando la marcha, empezaron a caminar en completo silencio aprovechando cualquier lugar oscuro en el que ocultarse. Cuando salieron del primer conjunto de vitrinas bajaron por una escalera que conducía a un inmenso jardín interior. Las escaleras estaban bien iluminadas y varios guardas estaban apostados haciendo sus turnos de noche.
     Bien. Aquí nos separaremos. Dione, tú ve por aquel pasillo, Nate, tú tendrás que escalar un poco. Yo iré por el que queda. Hay que desactivar los sistemas de seguridad para evitar que salten las alarmas.
     De acuerdo. Tened cuidado con los láseres —advirtió Nathan — ¿lleváis las gafas para verlos?
     Sí, sin problemas. —Afirmó Dione.
Se separaron y empezaron a buscar los paneles para desactivar la seguridad. Por el camino, se encontraron con algunos guardias a los que tuvieron que dejar inconscientes. Cuando despertaran, tendrían un vago recuerdo de lo sucedido. Iban armados, si los descubrían tendrían serios problemas. Los guardias estaban autorizados para disparar después de una serie de desgracias que hubo en Tale. Por lo que el ataque a traición era la mejor carta que podían jugar en esos momentos.
Se pusieron de acuerdo a través de auriculares y después, desactivaron a la vez los paneles. Para comprobarlo, se colocaron las gafas y buscaron láseres. No había rastro de ellos. Tampoco grababan las cámaras de seguridad que Alex se encargó de sabotear. Solo les quedaba reunirse y dirigirse a la sala de la brújula. Abrieron la vitrina con cuidado y la cogieron.
     Mirad. Indica algo. —Dijo Dione sonriendo — ¿qué será?
Abandonaron el edificio por los conductos de ventilación y salieron a la calle. El aire fresco de la noche les hizo estremecerse. En el interior hacía calor y habían sudado. El sudor se secó en el cuerpo con el aire frío.
     Hola.
     ¡Sam! —exclamó Alex —eras tú lo que marcaba la brújula.
     Alguien pensaba en mí. —Se encogió de hombros—. Gracias, supongo.
     Volvamos. —Dijo Nathan.
     ¿Qué haces aquí? Tendrías que estar en casa—la regañó Dione.
     Estaba preocupada. Quería ver cómo os iba.
Por el camino, Samira parecía preocupada. Fue Dione quien finalmente decidió preguntarle. Su amiga confesó lo que pensaba: estaba preocupada porque buscarían a los ladrones y por otro lado, se sentía fuera de lugar en aquel grupo. Ella no era una ladrona, no era aventurera, no sabía robar ni hacer daño a otros. Alex sonrió.
     No todos valemos para estos trabajos Sam.
     Ya. ¿Y qué pinto yo con vosotros exactamente?
     Sinceramente a veces pienso que no demasiado. —Dijo Nathan con toda la suavidad de la que fue capaz. La mirada de Samira sobre él incluso pareció que le provocaba un intenso dolor físico—. Pero a decir verdad, formas parte de nosotros de alguna forma u otra.
     Ah… ya, claro. Qué bien.
     ¡Sam! ¡espera! —Nathan salió tras ella pero Dione le aconsejó que la dejara en paz.
A la mañana siguiente, la brújula no parecía ponerse de acuerdo. Todos pensaban en cosas distintas y la aguja giraba sin parar. Se pedían unos a otros que dejaran de pensar y se centraran en el barco. Pero tenían demasiadas cosas en la cabeza y ninguno de ellos se concentraba.
     ¡Así no lo encontraremos nunca, dejad de pensar! —dijo Dione — ¡vaciad la cabeza!
Dione cogió la brújula de las manos de Alex y cerró los ojos pensando únicamente en el Lucerna. La aguja, que pocos segundos antes había estado girando sin parar, parecía indicar una única dirección. Sin soltarla, la chica señaló a los demás el camino que debían tomar y sin perder el tiempo, Alex puso el vehículo en marcha.