viernes, 16 de marzo de 2018

Slow Motion


16-3-2018

SLOW MOTION

Gwyddyon corría por aquel mundo extraño persiguiendo al asesino del consejero de Hatra turiano. Le lanzaba los cuchillos pero aquel hombre era muy escurridizo. No era algo que hubiera visto antes. Frustrado, el oni decidió que Vritra tomara el control de su cuerpo por completo. Todavía rabiaba al pensar lo que le ocurrió a su gente y a la persona que él más quería en el mundo. El consejero asesinado también tenía familia y gente a la que amaba. Vritra, encantado de que le cediera el control, movió la mano de Gwyddyon sacudiéndola en el aire y de repente, el ambiente empezó a distorsionarse y una barrera grisácea se extendió por todo el lugar. Logró esquivar una bala que iba directa a su cabeza. Si Vritra no hubiera detenido el tiempo, él ahora mismo estaría muerto. Pudo ver la bala con claridad pasar por su lado y el oni abrió mucho los ojos. Pero de nuevo el control pasó al asura, que echó a correr hacia el asesino. Era el único que podía moverse. Todo se había congelado y él era el fantasma que se movía invisible en el mundo de los vivos. Con pasos sombríos se acercó al asesino y antes de que él pudiera reaccionar, Vritra estaba frente a él riendo. Jugando con su presa antes de matarla.

Lo llevó contra una pared retorciéndole el brazo en la espalda y le rompió un dedo. El tiempo, al ir más lento, le provocaba un sufrimiento interminable al hombre, que intentaba suplicar por su vida. Pero la línea temporal había sido alterada y no lo conseguía. La voz no llegaba a la realidad y solo se escuchaba la risa desquiciada de Vritra rompiéndole los dedos de uno en uno. Cuando jugó con él lo suficiente, decidió matarlo lentamente regocijándose en su agonía. Lenta, dolorosa e interminable. Aceleraba el tiempo para herirle y cuando él rugía de dolor, Vritra volvía a congelarlo todo mientras el asesino sentía un dolor desgarrador perpetuo. Él mismo suplicaba a Gwyddyon que acabara con su vida. Pero Vritra no estaba dispuesto a dejar escapar a su presa de aquella manera tan cobarde.

— Buscaré a tu familia—decía en su oído—la traeré aquí. Y la mataré lentamente… uno tras otro, y otro, y otro… hasta que sientas el mismo dolor que sintió el consejero y su familia tras anunciar su muerte…—pasó la mano por el rostro empapado en sudor del asesino deimos— pobre desgraciado…—dijo con sorna— ¿creías que te ibas a librar? Qué pena me das…—apoyó su cabeza en la del deimos—qué pena me das—empezó a reír.

— ¡¡¡Estás loco!!! ¡¡¡estás loco de remate!!!

— ¡Dilo más lento por favor!— ralentizó el tiempo a la vez que el asesino hablaba y Vritra hundió el dedo índice en el ojo del asesino con el guante metálico de Gwyddyon puesto.

El hombre murió tras una tortura eterna. Vritra se sacudió la mano para limpiarla de los fluidos oculares del asesino deimos mientras reía.

— ¡Bueno tío ya te has divertido suficiente!— dijo Errante corriendo hacia él. Cuando entró en la distorsión temporal, el asura creía que tendría dificultades para moverse pero caminaba por ella con toda la tranquilidad. Errante ni siquiera era consciente de la distorsión— ¡¡Gwyddyon vuelve!!

Vritra se desvaneció y Gwyddyon se desplomó. Errante le agarró antes de que cayera al suelo y se agachó junto a él apoyando la espalda del oni en su rodilla. Tenía la cabeza echada hacia atrás con los ojos entreabiertos clavados en el cielo y la boca medio abierta. Errante le daba suaves golpecitos en la cara con la mano para traerlo de vuelta.

— Vamos tío. Despierta. Vuelve.

— … ¿Qué coj…?

— Te cepillaste al asesino pero de manera brutal.

— ¿Brutal?

— ¿No te acuerdas?—preguntó riendo— ¡menuda carnicería has montado! Rompiendo huesos y sacando ojos.

— «Vritra»

— Tienes una forma un poco jodida de matar ¿sabes? El ensañamiento no es moralmente aceptable.

— ¿Qué sabrás tú de moral?

Dicho esto, echó la cabeza hacia atrás de nuevo y perdió el conocimiento. Errante lo mantuvo en la misma posición. Con la espalda y la cabeza del oni apoyadas en la pierna del turan.

— « ¿Por qué no te acuerdas de nada?»— pensó mientras miraba el rostro inconsciente de su amigo.

Al rato, escuchó la Perseus que se acercaba a ellos. Hawkeri la conducía. El turan hizo señales con las manos y le ayudaron a subir a Gwyddyon a la aeronave para abandonar aquel mundo extraño.

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