martes, 1 de mayo de 2018

Spaceship

 Gwyddyon salía del Consejo después de dar el reporte de la última misión que le pidieron hacía dos semanas. Había estado en los confines del espacio que controlaba Hatra y allí, siempre había traficantes que intentaban entrar productos cuya seguridad era dudosa.

— El espacio es un lugar hostil que te come vivo si no le demuestras quien manda—se decía a sí mismo— entiendo que hagan eso… pero no está bien.

Continuó caminando por el patio esperando a que le asignaran su siguiente trabajo. Estaba deseando ver a Kalio, su compañero. Hacía tiempo que no sabía nada de él. Era un Pacificador excelente y gozaba de un buen nombre. Gwyddyon quería ser como él. Sabía que tendría que trabajar muy duro para conseguirlo. Decidió ponerse a la sombra. El sol artificial que iluminaba el patio estaba empezando a abrasarle.

—Quieres decir? — Una chica atravesaba el patio principal ablando sola, parecía despistada.

—Quizás más tarde necesito algún trabajo nuevo, el ultimo resulto ser un fiasco— gesticulaba como si tuviera alguien a su lado.

Se aproximó a una máquina que podría recordar a un cajero automático —Te dejo, hablamos luego—

Coloco su pulgar en la pantalla, inmediatamente se activó apareciendo barias ventanas —Bien, veamos que se cuece en esta estación… no, no mmmh no, SI esta— Deslizo un cable de la máquina se retiró el pelo detrás de la oreja y lo conecto en una especie de conexión alojada a unos 2cm por detrás de la misma. Pude oír un pequeño chasquido eléctrico.

—¡Descargado! — Se dio la vuelta rápidamente dándose de morros contra algo. Levanto la vista y se dio cuenta de que eran un chico.

—Ups... perdón—

Gwyddyon se sorprendió. ¿Qué era aquella chica? ¿A qué raza pertenecía? Era la primera vez que veía a alguien así.

—«Debe de ser un humano o algo así»— pensó—«me los esperaba más espectaculares.»

Se llevó la mano al auricular cuando sintió que lo llamaban. Era uno de sus compañeros con una nueva misión. Habían encontrado la nave de pasajeros que desapareció hacía pocos días en el cuadrante 7 a unas horas de la Estación si la nave estaba equipada con un motor MVL. De no ser así, estaba a algunos días. No todos podían permitirse los motores más veloces que la luz.

[No nos han dicho nada de buscar supervivientes. A nosotros nos quieren en primera línea por si lo que sea que provocó la masacre sigue ahí dentro] — decía su compañero por el auricular. Gwyddyon escuchaba atentamente mientras caminaba arriba y abajo. Era incapaz de quedarse de pie sin moverse.

—Pero si me encuentro con un superviviente, lo sacaré de ahí ¿no?

[No es recomendable llevar lastre en los trabajos de campo amigo. Ya sabes lo que opino sobre eso. Tenemos que ser eficaces, no vivimos del aire] —dijo riendo.

—No pienso dejar a nadie a su suerte si alguien la ha tenido.

[Tú mismo tío. Pero si tienes que abandonarles para salvarte, no lo pienses. Y otra cosa. Se rumorea que hay cazarrecompensas por la estación.]

—¿Otra vez esos plastas?

[Considéralos escudos o carne de cañón. No es la primera vez que lo haces.]

Cortó la llamada sin saber si tenía que decirle algo más. Después volvió su atención a la humana.

—¿Puedo ayudarte en algo? Parecías…distraída.

—No… digo que… ah, no tranqui estoy guay— sonrió y empezó andar dejando al chico detrás suyo.

Se dio la vuelta para mirarlo de nuevo sin dejar de andar —Pero gracias por preguntar— Comenzó a acelerar el paso. Quería llegar lo antes posible al embarcadero donde había estacionada su nave.

Un Esperpento de metal, tubos, cables y de dudosa calidad se encontraba frente a Brynhildr, parecía un hibrido de diferentes modelos todos ellos fusionados para crear uno solo. Acercándose la nave empezó a reaccionar desprendiendo una nube de humo al activárse, la puerta de entrada descendía permitiendo la entrada. —Ya estoy aquí cariño ¿Me has echado de menos? — Toco el marco de la entrada al pasar por ella, las luces del interior se pusieron en marcha dejando ver todo el interior, el cual no parecía corresponder al del exterior. Este en su lugar recordaba más al de una nave de alta gama, pero para nada estándar. No era lujoso, pero si puntero.

La muchacha tomo asiento frente el tablero de control —Veamos con detenimiento ese encargo. Mmh rescate, mujer krahiana desaparecida, nave de pasajeros. — Activo los motores y agarro el timón. —Haya voy cuadrante 7—

La lanzadera de la nave pacificadora Blue Horizon dejó a Gwyddyon y a su compañero en la nave de pasajeros que había desaparecido. Gwyddyon no se llevaba demasiado bien con su acompañante porque pensaban de manera muy distinta. A él no le divertía matar a la gente pero sabía que a veces no había otra opción. Era una vida por encima de varias y siempre había que pensar en cantidad cuando se trataba de salvar a alguien. Taranis, su compañero, era alguien que parecía estar un poco desequilibrado y Gwyddyon había llegado a creer que disfrutaba con la sangre. Pero era un buen soldado, por lo que Hatra le permitía actuar como mejor le pareciese.

—«A veces tengo la sensación de que Hatra nos está vendiendo.»
—Gwydd amigo. Mira qué pedazo de nave.
—Como una cualquiera.
—Fíjate qué lujo. Habitaciones enormes con baño privado… la gente que viajó aquí debía de estar podrida de dinero.
—…Podrida de dinero. ¿Piratas puede ser?

Algo en el suelo llamó la atención de Gwyddyon. Dejó a su amigo quejarse de la buena vida que debieron llevar los pasajeros y se arrodilló. Pasó la mano por una mancha oscura. Sangre.

[Tienes un lastre enorme tío]
—Y que lo digas.
—¿Otra vez esos “bichos” dándote la lata en la cabeza?— dijo burlón.
[¿Por qué no lo matas?]
—Si me molestara en exceso… lo haría.
—Tienes que presentarme alguna vez a esa “voz”— rio.

Gwyddyon miró de arriba abajo a Taranis y tras chasquear la lengua, echó a caminar por el pasillo en dirección al puente de mando. Quizá allí estarían las cámaras de la nave y podría echar un vistazo para ver qué o quién lo hizo. Taranis abrió una de las habitaciones y arrugó la nariz.

—Será mejor que eches un vistazo ahí dentro.

Cuando asomó la cabeza, tuvo claro que debía revisar las cámaras de seguridad cuanto antes.

—¿Qué coj…?
[Gwyddyon. Hay alguien fuera, está vivo]
—Quédate aquí en busca de pistas. Hay alguien vivo por ahí fuera.

El zumbido de los motores de la nave invadía los pasillos solitarios, un pequeño “bipp” sonaba tímidamente de vez en cuando, sus propios pasos sobre el metal. La poca iluminación del corredor definía el contraste entre luz y sombra, creando zonas en las que solo había oscuridad.

Se detuvo en seco, y miro a su derecha, pudo ver una puertecita en la pared casi a ras de suelo, se agacho apoyándose sobre una rodilla. Ser registro los bolsillos en busca de algo.
—Aquí esta! — Saco un estuche con diferentes herramientas.

Retiro la tapa y dejo a la vista una maraña de circuitos y cables

—Desde aquí debería poder conectarme— Desconecto un cable de uno de sus extremos y se lo conecto directo a su implante de conexión

—…ZZZH— sonó dentro de su cabeza.

—CONEXIÓN ENTRANTE, NAVE DE PASAJEROS N0027448—

—Perfecto tiene I.A. podre hacerle algunas preguntas— La Inteligencia Artificial de las naves era algo limitada solo podía preguntarle sobre datos existentes concretos, no podría preguntarle directamente que ha pasado o si le apetece salir a cenar un día. Pero si podría decirle cuantos pasajeros con vida detecta o consultar grabaciones de seguridad.

—Necesito informe de daños.

—DATOS NO ENCONTRADO

—Pues empezamos bien— Dijo rascándose la nuca algo desilusionada.

—Cuantos pasajeros se encuentran en las instalaciones?

—ESCANEANDO… … 4 FORMAS DE VIDA ENCONTRADAS.

—Quetro? — Una debía ser ella por lo que supuso que los 3 restantes serian supervivientes. ¿O los posibles atacantes?

—Necesito los planos de la nave.

—TRANSFIRIENDO DATOS… PLANOS DESCARGADOS

Se retiro el pelo por encima del hombro para desconectarse de la nave.

—Todo esto es muy raro. ¿Que habrá pasado aquí, como han desaparecido todos los pasajeros?

La joven se sobresaltó al oír unos pasos que se acercaban rápidamente. De un salto se puso de pie y se apresuró para quedar fuera de la vista colocándose entre dos pilares cercanos.

Aparto su chaqueta para acceder a la pistolera que llevaba firmemente sujeta al muslo izquierdo. Estando lista a cualquier posible amenaza.

Gwyddyon caminaba con cuidado procurando no hacer ruido al pisar el suelo del pasillo. El contraste de luz y oscuridad era un problema para buscar a alguien si se había escondido. Pero afortunadamente, el pacificador contaba con “ayuda externa” que podía indicarle dónde estaba. Llevó las manos a los cuchillos para lanzar que tenía muy próximos a los puñales.

—Nunca entenderé por qué no usas armas de fuego.
—Son para gente cobarde y sin honor que no confían en sí mismos— se enfadó— ¡te dije que investigaras!
—Están todos muertos—se encogió de hombros— no hay nada más que mirar. Deberíamos echar un vistazo a las cámaras de seguridad.

Una sensación de inquietud recorrió a Gwyddyon de cabeza a pies. Se sentía incómodo. Estaba esperando a que ocurriera algo y pidió a una de las cuatro criaturas que lo acompañaban que lo rodeara de una barrera. El aire se distorsionó delante de él. La barrera se había activado.

—[Está entre los pilares. Acércate y estírale fuerte]
—¿Qué?
—[Hazme caso. Es escurridiza]

Tras permanecer pensativo unos instantes, hizo caso y cogió a alguien del brazo tirándolo al suelo. Apoyó una rodilla en el suelo y se disponía a apuñalar al intruso. Cuando vio que era la chica de la estación, aquella joven del pelo negro con reflejos rojos, se llevó el puñal rápidamente a la funda.

—¿Qué pasa tío?— preguntó Taranis tendiéndole la mano para que se levantara.
—Nada.

Taranis levantó a la chica sin ayuda de nadie más y la llevó contra la pared de la nave haciendo chocar su espalda contra esta. Apoyó su pistola en la garganta de la joven.

—¿Qué haces aquí y qué es lo que quieres?— preguntó amenazándola— este no es sitio para una niña… ¿o has sido tú la responsable de todo lo que ha pasado aquí?
—Baja esa arma Taranis. ¿Qué pruebas tienes de que haya sido ella?
—¡Maldita sea!— rugió golpeando la pared con el puño cerca de la chica— ¿¡qué te pasa!? Estás fallando mucho.
—No me pasa nada. Soy un Pacificador no un asesino. ¿No es obvio lo que quiero? Seguro que estará encantada de decir qué hace aquí después de cómo la has tratado.
—Es una maldita cazarrecompensas tío. ¡Reacciona!
—Ante todo es un ser humano, es una persona. Una vida inteligente… más o menos, o no estaría aquí. Solo evito derramamientos de sangre innecesarios.
—¿Desde cuándo te ha importado la sangre de otros a ti?
—Vete a investigar las cámaras de seguridad—su voz se volvió grave y un poco ronca. Había sido una de sus criaturas la que habló por él— [No te gusta que hablen de tu pasado, ¿eh?]— dijo riendo. Gwyddyon no dijo nada.

Cuando se marchó, volvió a inquietarse. Pensaba en su compañero, en que tarde o temprano acabarían teniendo un enfrentamiento serio y tal y como Taranis había observado, él no llevaba armas de fuego. Confiaba en sus cuchillos y en las criaturas con las que pactó.

—Es verdad que no deberías de estar aquí. Mi compañero se muere por volarte la cabeza, no puedo engañarte—dijo pensativo— ¿te ha hecho daño? Siento no haberlo detenido antes. Ese chico nunca sabe cuándo debería parar. Aún sigo queriendo saber qué hace en el cuerpo de seguridad—cambió de tema— ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Qué buscas? Lo que sea que haya montado todo esto podría seguir a bordo. Sé que no te hará gracia, a mí tampoco, pero tendrás que venir conmigo y preferiría que lo hicieras por las buenas.

Mientras, en las cámaras de seguridad, Taranis miraba qué era lo que habían grabado. De repente, las pantallas se apagaron y las cámaras dejaron de funcionar.

—Vaya por Dios… no funcionan…—dijo riendo por lo bajo— ¿qué habrá pasado?

Al ser zarandeada la chica emitió un quejido seco. Sintió el dolor al golpear la pared y acto seguido el frio del metal en su garganta. ¿Qué hacían esos dos hay, y que narices le pasa le pasa a ese tío?

—¡Eso, eso, piérdete! ­­— Cuando se fue no pude evitar que la rabia hablara por ella. Se llevo la mano al cuello le dolía un poco —Estoy bien— Dijo incorporándose. —¿Dios que le pasa al poli malo? — Sacudió el polvo de su chaqueta y ajusto la correa de la pistolera —Espera, yo… Te conozco me suena haberte visto antes— Recordó al chico con el que tropezó esta mañana en el patio de la estación —Si eres aquel tipo de esta mañana!— Lo miro de abajo arriba —Y tanto que lo eres— Digo dibujando una sonrisa en su cara.

—Jajaja— Pudo ver la cara de incredulidad que mostraba aquel hombre —Perdón mis modales, soy Brynhildr, busco a una mujer Krahiana, ese es el motivo por el que estoy aquí— miro hacia arriba para poder verle los ojos mientras le hablaba. —Y según mis datos queda alguien más con vida a parte de nosotros en esta nave, y espero que sea ella.

 —[Además de ese cretino compañero tuyo, supongo]—dijo la voz de la criatura que llevaba Gwyddyon. La relación con aquella voz seguía siendo un misterio para sus compañeros. Él mismo se negaba a dar ningún detalle. Cuando le preguntaban, simplemente hablaba de otra cosa o no respondía.

—Taranis…—dijo intentando justificar a su compañero cuando Brynhildr le preguntó que qué le pasaba al poli malo. Pero no encontraba nada que sirviera como excusa. Él también creía que se había excedido y no le gustaba. Cada vez le preocupaba más— no sabría decirte. Yo tampoco sé lo que piensa.

No podía decirle a la joven que Taranis no le daba buena espina. No podía decirle que desde su punto de vista, ese chico no estaba demasiado bien. No quería destruir la imagen de su compañero pero no podía evitar pensar que algo en la cabeza de ese chico-y no en la suya- no iba bien.

—Una mujer krahiana—se cruzó de brazos—no he visto a muchos de su raza. Si sigue viva será mejor que la encontremos.
—[Antes de que Taranis la convierta en un queso Edam. Ya sabes, los agujeros…]
—Bueno, Brynhildr. ¿No eres muy joven para ir sola por estos sitios?
—¡Eh!— su compañero llegaba de comprobar las cámaras— no funcionan tío. Se empezaron a ver algunas imágenes pero se han jodido.
—¿No se ve ninguna?
—Ninguna. Quien fuera el responsable, se aseguró de que nadie descubriera nunca qué pasó aquí.

Gwyddyon se quedó mirando a Taranis pensativo.

—Vale…— se dirigió a Brynhildr— vamos a buscar a la mujer y nos largamos de aquí.

Contactó con el consejo de Hatra desde el auricular y les informó de que habían registrado la nave y no habían encontrado ni rastro de los responsables. Gwyddyon describió el estado del vehículo y lo que habían encontrado. No omitió que las cámaras de seguridad habían sido destruidas.

—Espera. Esa mujer ya no es de nuestra incumbencia. Que se apañe.
—No.
—¡Tenemos que ir a informar a Hatra sobre lo que ha pasado aquí!
—No sabemos qué ha pasado.
—[Admiro tu paciencia]
—Esta niña nos está haciendo perder el tiempo. Mientras estamos aquí parados los problemas continúan ahí fuera—señaló la ventana de la nave.
—Buscaremos a la mujer. Yo iré delante. Taranis, tú cerrarás el paso, Brynhildr, conmigo.

El peligro podía venir de cualquier sitio, por lo que Gwyddyon prefirió que la humana estuviera en una posición segura. Si ocurría algo desde atrás se ocuparía Taranis y si el peligro venía de frente, lo haría él.

—[¿Te fías de dejar a ese zumbado al final?]
—No sabemos qué hay en la nave. Si hay algo malo, no quiero ponerles en peligro a ninguno de los dos. Actívame los escudos anda.
—[Entendido. Tienes un rostro que no puedes con él. Los demás lo hacen solitos, ¿sabes? Espero que puedas apreciar lo mucho que te ayudo.]
—Si sigo respirando es gracias a ti. ¿No es suficiente?
—[“No hablemos de ello” ¿no?]

Gwyddyon no respondió. Aquella misteriosa presencia ya lo conocía bien y sabía cuándo estaba hablando de más.

—Venga. Vamos a por la mujer, puede seguir con vida.

Empezaron a recorrer la nave en busca del objetivo de la chica. El Pacificador tampoco tenía muy claro por qué estaba ayudándola. Taranis tenía razón, no era asunto de ellos ni Brynhildr ni la mujer perdida. Pero Gwyddyon pensaba que había destruido más vidas de las que había salvado, y era el momento de equilibrar la balanza en contra de la muerte. Si podía evitar que la humana perdiera la vida lo haría. Y si la krahiana seguía entera, mucho mejor.

—Vritra.
—[¿Sí?]
—Tienes que buscar una forma de que pueda hablar contigo de mente a mente… o seré yo el que acabe en el loquero.
—[¿Y lo mucho que me río?]
—Serás cabrón.
—[Algunos de tus compañeros ya lo saben ¿no? incluso te piden que me manifieste. Pero el día que eso pase, pueden ocurrir mucha cosas malas. Así que lo dejaremos.]

—A la izquierda— la joven podía ver suspendido en el aire un mapa holográfico con su propia posición indicada a tiempo real. —Suerte que pude descargar los planos de la nave desde la I.A.— pensó.

Recorrían los pasillos en silencio, la iluminación hacia de las suyas y algunos tramos de pasillo estaban casi a oscuras, la energía de la nave debido a la falta de personal se estaba viendo afectada y la climatización hacia rato que dejo de funcionar bajando las temperaturas. Tenia que darse prisa en encontrar a aquella mujer, no quería que acabara también por venirse abajo el soporte vital de la nave.

Mirando al frente con el mapa en sus narices no pudo evitar mirar al chico que tenia de espaldas caminando por delante de ella, por su cabeza comenzaron a surgir preguntas e inquietudes —¿Y este que se habrá pensado? Yo me basto sola. Con esos aires de líder de la manada— Se fijo en su cara —¿Esas marcas de que serán, tendrá que ver con su cultura o son de nacimiento? ­— Vio que aquel chico estaba articulando palabras —Un momento… ¿Está hablando, solo?­— Intento prestar atención, quizás podría enterarse de algo interesante. Nora Nazanian

Gwyddyon ignoraba que Brynhildr intentaba escuchar lo que hablaba con Vritra. Aquel extraño ser parecía estar cansándose de permanecer en aquella nave destruida. Pero para su suerte, las cosas iban a empezar a cambiar. Seguían buscando a la mujer que Brynhildr quería encontrar ignorando las quejas de Taranis, el compañero pacificador de Gwyddyon que quería terminar las cosas rápido.

—Eh Gwyddyon —dijo Taranis desde su posición. Su compañero se dio la vuelta, esperando a que hablara— ¿Te has fijado en las paredes?
—¿Qué les pasa?
—Esas marcas —apoyó la mano en una de ellas —son demasiado grandes para haber sido hechas por un ser humano o un alienígena. Menuda monstruosidad de humanoide debería haberlas hecho. No me gustaría pensar que las ha hecho una mujer. —Dijo riendo. Gwyddyon dibujó una sonrisa.
—Vritra ¿qué crees?
—[El tipo tiene razón. Algo no va bien en esta nave. Dime… ¿no te suenan esos golpes y marcas?]
—Calla —espetó.

No era el mejor momento para hablar de ello. Gwyddyon apoyó la mano con el guante metálico sobre los golpes y marcas de la pared y sintió que se le empezaba a ir la cabeza. Cerró los ojos con fuerza y la apoyó en la fría superficie de metal. Sentía que la rabia se lo comía, que Vritra estaba a punto de asumir el control de sus actos. Pero Taranis, al apoyar su mano en su hombro, hizo que reaccionara.

—Eh tío. ¿Estás bien? Tienes mala cara —se echó a reír— peor de la habitual claro— después se volvió a poner serio —yo iré delante ahora. No sé qué te ha pasado, pero no estás en condiciones de seguir adelante.
—Claro…
—¿Eh? —arqueó una ceja— ahora sí que tengo claro que no estás fino.

Gwyddyon se miró la mano. Abriéndola y cerrándola varias veces mientras pensaba en las marcas de la pared de la nave.

—¿Gwydd?
—Mierda —susurró.
—[¿Te has acordado eh?]
—Fueron ellos…
—Vaya. Fijaos en esto— Taranis sacó a Gwyddyon de su ensimismamiento. Señalaba a su compañero y a la cazarrecompensas algo que había en el suelo. No era algo que ellos hubieran visto — ¿habíais visto algo así en algún momento?
—[Hay tres presencias desconocidas en la nave. Una parece la mujer krahiana. Las otras dos… no sabría decirte.]

Gwyddyon se quedó mirando el extraño cuerpo en el suelo y se arrodilló a su lado. Aquella cosa no se movía y presentaba heridas que le habían causado la muerte. Seguramente sería alguien de la nave que luchó por protegerse. Apretó el puño con rabia y empezó a descargarlo con saña sobre la cabeza de aquella criatura. No paró de golpear hasta que no sintió que los huesos del cráneo cedían bajo el metal de su guante.

—¿¡Qué estás haciendo!?— exclamó su compañero —¡está muerto tío, no sigas haciendo eso! Brynhildr—dijo Taranis— sigue guiando. Esta nave me pone nervioso ya.
—No anda lejos— dijo con la voz extraña. Taranis no supo decir si era de hombre, mujer o la de Gwyddyon. —Me vais a pagar todo lo que nos hicisteis pasar… uno tras otro… y otro, y otro… no voy a dejar de vosotros ni el recuerdo…
—¿Gwyddyon? —preguntó Taranis asustado. Aquella voz no parecía proceder de él. Además, se echó a reír después de haberse ensañado con el cadáver. Era como si tuviera algo con aquella raza.
—Brynhildr. Creo que tu objetivo no anda muy lejos. Será mejor que espabilemos y nos marchemos de aquí.«Consejo de mierda… ahora os vais a tener que tragar las palabras. Ahora veréis que esta gente existe de verdad y no son una leyenda…vais a tragaros todo lo que dijisteis… toda la basura que echasteis del pueblo oni al que destruyeron… y todos los pueblos que han ido desapareciendo uno tras otro sin importar raza.»

Brynhildr no podía creer lo que había visto. No reconoció que podría ser aquella criatura parecía orgánico pero sus entrañas parecían hibridaciones sintéticas, desde luego no era humano. Y lo que más le preocupaba era que la nave no identificarlo la criatura como ser viviente. ¿Podría haber más de esas cosas?

—Que narices es eso?— Se acercó con cierta curiosidad al cadáver, pero pronto su curiosidad se vio interrumpida, un ruido seco retumbo por el pasillo.

—¿Lo habéis oído?— Se dirigió con cautela al origen de aquel sonido.

Podía comenzar a distinguir una figura. Una criatura de ojos negros piel dura y grisácea parecida a la que podría tener un elefante, con una mandíbula inferior compuesta como si la tuviese dividida en dos.

La chica extendió la mano —¿Te encuentras bien?

La mujer krahiana que se encontraba acurrucada entre un hueco de ventilación y un pilar, parecía en estado de shock.

—¡Chicos la he encontrado!

—Están por todas partes… están… están…— Susurraba la mujer una y otra vez.

—¿Están por todas partes? ¿Quien?—

—Ellos…— Un ruido procedente de una sala cercana le sobresalto, y al darse la vuelta vio un grupo de criaturas como la que encontraron muerta. Solo que estas estaban muy vivas.

—¿Esto… Chicos que tal si nos largamos de aquí? — dijo señalando a la sala donde se encontraban las criaturas, las cuales parecían no haberse a percatado de su presencia.

—Bien, algo en lo que estoy de acuerdo con la cazarrecompensas— Dijo Taranis asintiendo con la cabeza.

Brynhildr cogió la mano de la chica alienígena y la levanto

—Te vamos a sacar de aquí, no te preocupes. — Pero esta reacciona al ver las criaturas de la sala próxima, con un grito de pánico. Alertando a los engendros.

—Ho joder, no, no, no— pudo ver otro grupo mas al fondo del pasillo y dos mas saliendo de los conductos de refrigeración.

—¡CORREEEED!—

Las pisadas de los cuatro al correr retumbaban por los pasillos con unos golpes secos sobre el metal, al fondo todavía se veían aquellas cosas que cada vez eran más, corrían y gemían con unos sonidos guturales.

La joven intentaba disparar hacia atrás mientras corrían.

—¡Ya estamos llegando a mi nave!—

Gwyddyon cargaba con la joven alíen a la espalda, Taranis disparaba como loco consiguiendo matar unos pocos, pero seguían siendo demasiados.

—Allí!! Esta es esa, corred maldita sea!— Uno de esos bichos le venia de frente, la joven apunto con su arma a la cabeza que de un disparo reventó salpicando de fluidos, y cayendo el cuerpo descabezado violentamente contra el suelo. Sin dejar de correr realizaba movimientos con el dedo como si estuviese utilizando un panel invisible frente ella. La nave se empezó a activar emitiendo una gran cantidad de humo.

—¿Pero que… Eso es una nave? — dijo Taranis al darse la vuelta después de abatir dos más.

—Tu entra y calla— apretó un botón más de su panel invisible y la compuerta de la nave se abrió.

Una vez todos dentro, fue corriendo al panel de control e inicio el despegue.

Las llamaradas carbonizaron a los engendros más temerarios y la nave salió despedida reventando el casco de la nave abandonada.

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